Uf, la misma sensación que aquel Domingo. No sé. Como un vacío. Y un vértigo.
Vamos allá.
Hola a todos de nuevo. Volvemos a poner Eco, la vida con en marcha. Se hablaba de Volumen 2, o Vol.2 cuando una serie de tebeos comenzaba una nueva etapa. Por ejemplo: The Uncanny X-Men tuvieron su Volumen 2 después de la historia de Krakoa, cuando a parte de la vieja Patrulla X (Jean Grey, Angel, Hombre de Hielo, Bestia, Kaos y Polaris ) va a rescatarle la nueva (Tormenta, Lobezno, Rondador Nocturno, Coloso, Ave de Trueno y Banshee acompañados de Cíclope).
Bueno, esto es el Volumen 2 de Eco, la vida con. En lo que a la vida de Otto se refiere también diríamos que ha empezado un nuevo volumen. Ahora Otto vive en Dublin. Y, mas allá de unas vagas ideas, no sabe nada de lo que va a pasar en los próximos años. Es una buena sensación. Te haces más consciente del presente.
Acabé mi página profesional donde como cosa excepcional -y no repetible- se desvela mi identidad secreta. Me gusta dejarla por aqui, no de manera obvia, sino escondida en un post. Pretendo seguir siendo Otto. Quizá sea un juego absurdo, lo es de hecho, pero hay algo que me gusta al escribir siendo Otto. No es que tenga nada que esconder pero me resulta fascinante poder recurrir a la tercera persona al hablar de mi mismo. Todo es distinto desde esa óptica.
En estos últimos 3 meses y medio mi vida ha cambiado bastante. Ya no vivo solo, ahora comparto un piso impersonal y céntrico con un gran tipo (grande en todos los sentidos), ingeniero y poeta, al que llamaremos Ángel Vargas. Highclass Galactic, mi amigo, vuelve a ser compañero de aventuras e infortunios, aunque por poco tiempo ya que en unos meses cruzará el charco y se instalará en Austin, Texas. Otros personajes pasean por mis dias y algunas de mis noches. Ana La Brava, un descubrimiento, Miki Machine, el sobrino adoptado y Madame Richelieu, una autóctona inabarcable.
Eco vuelve.
Y para despedirme, hola otra vez.
viernes, abril 25, 2008
jueves, octubre 04, 2007
Silla Leiter
O hasta luego, lo que es lo mismo. Dejo el blog por una temporada, que espero que sea pequeña. Tengo muchos asuntos que atender antes de irme a Dublín y necesito no dispersarme demasiado, necesito concentrarme en desarrollar mi web profesional.
En Junio, mientras disfrutaba de una baja de 2 semanas después de operarme los ojos, hice un diseño para Eco, la vida con. Era, bueno es, totalmente en blanco y negro y la verdad es que estoy especialmente orgulloso de él. El problema es que no sé el html suficiente como para implementarlo yo mismo. Así que aquí os dejo este sucedáneo a modo de transición. Para que os vayáis acostumbrando.
Quiero hacerlo principalmente por un motivo, para que sepáis que este proyecto, este blog, no sólo sigue vivo sino que tiene planes para un futuro próximo. Volveré con el nuevo diseño ya implementado y con más ganas aún de rumiar alfalfas existenciales y/o piensos socioculturales.
Me voy para volver pronto, más listo y más guapo.
Prometido.
En Junio, mientras disfrutaba de una baja de 2 semanas después de operarme los ojos, hice un diseño para Eco, la vida con. Era, bueno es, totalmente en blanco y negro y la verdad es que estoy especialmente orgulloso de él. El problema es que no sé el html suficiente como para implementarlo yo mismo. Así que aquí os dejo este sucedáneo a modo de transición. Para que os vayáis acostumbrando.
Quiero hacerlo principalmente por un motivo, para que sepáis que este proyecto, este blog, no sólo sigue vivo sino que tiene planes para un futuro próximo. Volveré con el nuevo diseño ya implementado y con más ganas aún de rumiar alfalfas existenciales y/o piensos socioculturales.
Me voy para volver pronto, más listo y más guapo.
Prometido.
lunes, octubre 01, 2007
Save the Cheerleeder, Save the World
Ha sido imposible. De verdad que lo he intentado, pero no hay manera. Y es que no consigo sacar tiempo. Me hubiese encantado haber vuelto a levantar la cifra de entradas mensuales a 4, pero es que septiembre acabó ayer y yo me he enterado hoy. Así que esto es lo que hay: la última entrada de septiembre escrita el primer día de octubre. Tendrá que valer ¿no?.
Este fin de semana he estado otra vez en Logroño. Cuando iba hacia allí en el autobús, pasando por Islallana (por favor, si están pensando en rodar un western, o conocen a alguien que esté interesado, no dejen de pasar por aquí a buscar localizaciones) me acordé de unos versos de Neruda que de tanto en cuanto se pasean por mi memoria pidiendo el primer puesto en el podio de los versos favoritos.
"Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes
sobre tus ojos oceánicos".
Si no lo son, los campeones, quiero decir, están muy cerca.
Y bajando del Olimpo al Hades en lo que a cultura se refiere también me gusta:
"Save the cheerleader, save the world".
The Cheerleeder en cuestión, por Tim Sale.
Supongo que cuando Tim Kring o Jeph Loeb escribieron esto para "Heroes" lo hicieron con una amplia sonrisa en la boca. Vanalidad y trascendencia en una sóla frase. Como la serie entera. Vanalidad y trascendencia.
Es obvio que la serie es la adaptación de un cómic de superhéroes -o de todos ellos- a un formato distinto, en este caso un serial televisivo. Aglutina todos los clichés del género. Y esto lo digo como un halago, no vayan ustedes a pensar. De hecho hay un cómic que aparece como una influencia directa de la serie: X-Men. No en vano, Jeph Loeb, productor y guionista de la serie, trabajó en los 90 para la Marvel escribiendo en dicha serie. Deduzco que es un perfecto conocedor del género y aplaudo su ágil adaptación. En "Heroes" están, más o menos disimulados, arcos argumentales, personajes, roles, incluso pequeños detalles, de esa gran epopeya mitológica contemporánea que es X-Men.
Y no piensen que exagero, cuando digo gran epopeya mitológica contemporánea, es palabra por palabra lo que quiero decir. Algo así como la Iliada y la Odisea de nuestro tiempo. El género superheróico dice tanto de nosotros como Ulises y compañía decían de los griegos.
Hay algo del género, que siempre funciona a un nivel narrativo. Los saltos en el tiempo, las conexiones familiares, el drama o la gloria del poder, la tragedia y la épica. El tratamiento del tiempo en la narración siempre aporta suspense a la historia. Todo sucede en un presente lleno de incógnitas, que se explica por un pasado rico en misterios y sorpresas, fuerza motriz de este presente que vemos y que trata de evitar a toda costa un apocalíptico futuro, ya visto, adivinado o vaticinado. Todo bien dosificado, por supuesto, no olvidemos de que se trata de un formato de serie cuyo objetivo no es otro que mantener el interés mes tras mes, semana tras semana, o la unidad de tiempo tras la unidad de tiempo que corresponda.
Así que, después de meterme ayer 18 capítulos de "Heroes" entre pecho y espalada, puedo decir "¡Te pillé!" a los tebeos de la infancia, "ya sé cómo fucionáis".
De verdad, dan ganas de escribir una novela.
Ah, y por si no lo habéis notado seguimos caminando por el lado más mainstream de la friki-vida, que diría Lou Reed.
Bueno, más o menos.
ecos:
Ilustraciones de Tim Sale para "Heroes".
Comic-blog de Rut Modan. Wonderfulísimo.Vía A Best Truth.
Zeitgeist pt.1: Documental sobre el cristianismo y la astrología. Interestingtísimo. Vía Rare.
Este fin de semana he estado otra vez en Logroño. Cuando iba hacia allí en el autobús, pasando por Islallana (por favor, si están pensando en rodar un western, o conocen a alguien que esté interesado, no dejen de pasar por aquí a buscar localizaciones) me acordé de unos versos de Neruda que de tanto en cuanto se pasean por mi memoria pidiendo el primer puesto en el podio de los versos favoritos.
"Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes
sobre tus ojos oceánicos".
Si no lo son, los campeones, quiero decir, están muy cerca.
Y bajando del Olimpo al Hades en lo que a cultura se refiere también me gusta:
"Save the cheerleader, save the world".
The Cheerleeder en cuestión, por Tim Sale.Supongo que cuando Tim Kring o Jeph Loeb escribieron esto para "Heroes" lo hicieron con una amplia sonrisa en la boca. Vanalidad y trascendencia en una sóla frase. Como la serie entera. Vanalidad y trascendencia.
Es obvio que la serie es la adaptación de un cómic de superhéroes -o de todos ellos- a un formato distinto, en este caso un serial televisivo. Aglutina todos los clichés del género. Y esto lo digo como un halago, no vayan ustedes a pensar. De hecho hay un cómic que aparece como una influencia directa de la serie: X-Men. No en vano, Jeph Loeb, productor y guionista de la serie, trabajó en los 90 para la Marvel escribiendo en dicha serie. Deduzco que es un perfecto conocedor del género y aplaudo su ágil adaptación. En "Heroes" están, más o menos disimulados, arcos argumentales, personajes, roles, incluso pequeños detalles, de esa gran epopeya mitológica contemporánea que es X-Men.
Y no piensen que exagero, cuando digo gran epopeya mitológica contemporánea, es palabra por palabra lo que quiero decir. Algo así como la Iliada y la Odisea de nuestro tiempo. El género superheróico dice tanto de nosotros como Ulises y compañía decían de los griegos.
Hay algo del género, que siempre funciona a un nivel narrativo. Los saltos en el tiempo, las conexiones familiares, el drama o la gloria del poder, la tragedia y la épica. El tratamiento del tiempo en la narración siempre aporta suspense a la historia. Todo sucede en un presente lleno de incógnitas, que se explica por un pasado rico en misterios y sorpresas, fuerza motriz de este presente que vemos y que trata de evitar a toda costa un apocalíptico futuro, ya visto, adivinado o vaticinado. Todo bien dosificado, por supuesto, no olvidemos de que se trata de un formato de serie cuyo objetivo no es otro que mantener el interés mes tras mes, semana tras semana, o la unidad de tiempo tras la unidad de tiempo que corresponda.
Así que, después de meterme ayer 18 capítulos de "Heroes" entre pecho y espalada, puedo decir "¡Te pillé!" a los tebeos de la infancia, "ya sé cómo fucionáis".
De verdad, dan ganas de escribir una novela.
Ah, y por si no lo habéis notado seguimos caminando por el lado más mainstream de la friki-vida, que diría Lou Reed.
Bueno, más o menos.
ecos:
Ilustraciones de Tim Sale para "Heroes".
Comic-blog de Rut Modan. Wonderfulísimo.Vía A Best Truth.
Zeitgeist pt.1: Documental sobre el cristianismo y la astrología. Interestingtísimo. Vía Rare.
martes, septiembre 25, 2007
Lo feo como excusa para decir algo bonito
Nunca me ha gustado el gore, por eso me ha gustado mucho más "Death Proof" que "Planet Terror", por eso y porque Tarantino es un genio hasta cuando mea contra el viento.No es que "Alien" sea esencialmente una película gore, no, por lo menos, en la medida en que "Braindead" (Peter Jakcson, 1992) lo es, pero no es menos cierto el hecho de que en determinados momentos Ridley Scott apueste por la pornografía de la sangre.
Yo, que la ví por primera vez a los 8 años, tengo que confesar que me cagué de miedo. Las navidades de 1987 fue el año en que el video tape recorder llegó a mi casa. Para estrenarlo, mi padre preparó una sesión doble familiar, a saber, mi padre (36), mi madre (32), yo (8) y mi hermano (5). Y como tanto la valentía de mi hermano, como la mía, era de sobra conocida por todos (todavía nos aterraban los gigantes y cabezudos), no vio mi padre ningún problema en componer el programa doble con "Tiburón" (Steven Spielberg, 1975) y "Alien" (Ridley Scott, 1979). Ninguna de los dos es de miedo, miedo, ni gore, gore, pero os puedo asegurar que quien escribe lo pasó francamente mal.
Curiosamente, yo había visto poco antes "La loca historia de las Galaxias" (Mel Brooks, 1987). En un gag que tenía lugar en una taberna espacial, uno de los parroquianos sufría una intoxicación -no recuerdo bien si con el café, con un sandwich, o con tabasco. El caso es que empieza a retorcerse de dolor hasta que un bicho repugnante atraviesa su tripa con cara de pocos amigos. Como la peli es de Brooks, de repente, el bicho se queda iluminado por un foco y empieza a cantar y bailar un número musical por toda la barra. Recuerdo que mi padre se rió y dijo algo así como:
-Es el mismo de "Alien", le vuelve a pasar lo mismo que en "Alien".
Lo que mi padre quería decir es que el parroquiano de la taberna espacial era John Hurt, el mismo John Hurt (aunque 8 años más viejo) al que yo unos meses después vería morir destrozado por un bicho que ya no cantaba y que inspiraba de todo menos ganas de reir.
Alien salía de la tripa de John Hurt, el mismo año que yo salía de la de mi madre -con mucha menos mala uva aunque, por lo que me han contado, igual de feo. 8 años más tarde yo no acababa de entender muy bien cómo era posible que a ese tipo al que ya había visto morir destripado en una peli, le volviera a pasar lo mismo.
-Qué mala suerte- pensaba yo.
Puede que incluso el primer conato de un -Hay que joderse- incipiente pasara ya por mi mente de púber.
¿A qué viene todo esto? Pues la verdad es que no es más que morralla insustancial con aires de frikismo -claramente mainstream- que he utilizado como entrada para introducir el siguiente acontecimiento, y es que la semana pasada me dijeron la cosa más bonita que me hayan dicho este año:
-Tienes algo muy grande dentro.
Siguiendo en esta línea de, sí, llamémoslo frikismo mainstream, voy a utilizar a Woody Allen para explicar por qué esa frase me llegó tanto:
En una escena de "Interiores" (Woody Allen, 1978), el personaje que interpreta Diane Keaton -una poetisa de éxito que no consigue hipersensiblizarse para crear- le comenta a su marido lo siguiente refiriéndose a su hermana pequeña:
-Es una pena, tiene toda la ansiedad necesaria para ser una artista, pero una absoluta falta de talento.
Es una frase que se me quedó grabada a fuego porque en ese momento me sentí plenamente descrito por esa sentencia. Y a día de hoy todavía me peleo con esa frase. Lo del talento ya me da más igual; he aprendido a confiar en el trabajo. Pero no por eso deja de ser un gustazo que alguien que te conoce perfectamente, lea más allá de lo que enseñas y confié aún más que tú en tus propias posibilidades.
-Tienes algo muy grande dentro.
Espero que no me haga lo que a John Hurt.
lunes, septiembre 17, 2007
El beso en el espejo o el onanismo del alma
¿A quién amamos cuando amamos? ¿Es acaso el objeto amado, lo dicho, un algo amado, un tú al que yo ama, o tan sólo cumple la función de un frontón donde el amor rebota y en mi culo explota, un culo satisfecho y suficiente pintado de amor reventado?
El que ama proyecta. Si esto es cierto, y me inclino a pensar que sí lo es, el objeto amado cumpliría la función de lienzo, de pantalla, donde, o mejor, contra la que el sujeto amante lanzaría su película (a elegir entre comedia romántica, melodrama o tragicomedia... o tal vez un thriller, incluso una de terror).
Una vez escribí que el altruismo no es sino una acción llevada a cabo por el ego para darse palamaditas en la espalda, una satisfacción autocomplaciente de la que otros salen beneficiados. La esencia del altruísmo no sería el amor al prójimo, sino el amor hacia uno mismo, al igual que la esencia del amor romántico, o sexuado, o de pareja, o erótico, llámenlo como quieran.
En este amor romántico, o sexuado, o de pareja, o erótico yo ama a sí mismo en los ojos de tú. Yo ama sus propias manos cuando acaricia, su ingenio cuando hace reír, su verbo suave cuando arrulla a tú con palabras, y sobre todo yo se ama intensamente cuando tú llegas al orgasmo.
El peliculero "Daría mi vida por tí" o "Te quiero más que a mi vida" cobran sentido en un contexto en el que el yo se sublima de tal manera que se personaliza fuera del propio cuerpo.
Y es que estamos solos sobre La Tierra. Aunque creamos que no y pensemos que el amor nos salvará de morir solos un día.
Ala, ahí queda eso. Con dos cojones.
Los niños no mienten
Alain Delon en Plein Soleil.
Foto recomendada por un comentario anónimo. Oído cocina.
ecos:
El amor en la wikipedia
Interesante para aquellos amantes internacionales
Resumen del libro más interesante e inteligente que he leído sobre el amor, en las antípodas de lo que he escrito hoy. (PDF)
Análisis y síntesis de la obra anterior
El que ama proyecta. Si esto es cierto, y me inclino a pensar que sí lo es, el objeto amado cumpliría la función de lienzo, de pantalla, donde, o mejor, contra la que el sujeto amante lanzaría su película (a elegir entre comedia romántica, melodrama o tragicomedia... o tal vez un thriller, incluso una de terror).
Una vez escribí que el altruismo no es sino una acción llevada a cabo por el ego para darse palamaditas en la espalda, una satisfacción autocomplaciente de la que otros salen beneficiados. La esencia del altruísmo no sería el amor al prójimo, sino el amor hacia uno mismo, al igual que la esencia del amor romántico, o sexuado, o de pareja, o erótico, llámenlo como quieran.
En este amor romántico, o sexuado, o de pareja, o erótico yo ama a sí mismo en los ojos de tú. Yo ama sus propias manos cuando acaricia, su ingenio cuando hace reír, su verbo suave cuando arrulla a tú con palabras, y sobre todo yo se ama intensamente cuando tú llegas al orgasmo.
El peliculero "Daría mi vida por tí" o "Te quiero más que a mi vida" cobran sentido en un contexto en el que el yo se sublima de tal manera que se personaliza fuera del propio cuerpo.
Y es que estamos solos sobre La Tierra. Aunque creamos que no y pensemos que el amor nos salvará de morir solos un día.
Ala, ahí queda eso. Con dos cojones.
Los niños no mienten
Alain Delon en Plein Soleil.Foto recomendada por un comentario anónimo. Oído cocina.
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El amor en la wikipedia
Interesante para aquellos amantes internacionales
Resumen del libro más interesante e inteligente que he leído sobre el amor, en las antípodas de lo que he escrito hoy. (PDF)
Análisis y síntesis de la obra anterior
sábado, septiembre 08, 2007
La situación actual
Sábado, 8 de septiembre de 2007 (eso ya lo pone arriba), las 13:25, Logroño. Concretamente en casa de mis padres. Papá va a cumplir 56 años.
Ese es el punto en que llego a mediarle la edad. ¿Dejará a partir de ahora de estrujarse los sesos en llevarme la contraria -o viceversa? Lo dudo. Lo dudamos.
En este momento -que incluye éste preciso y alrededores- Otto se prepara para el cambio. Esto consiste en iniciar y desarrollar en la práctica la teoría del monje feliz: recogimiento, estudio y ahorro.
- Aprovechar el recogimiento para el autoanálisis, el autodiálogo y la construcción personal.
- Aprovechar el estudio para aprender html, diseñar y programar mi book online, leer más blogs y escribir más en el mío, así como implementar el nuevo diseño de Eco, la vida con (no clickeis, es un metalink, ya estáis aquí) porque cada día odio más a la vaca-espidermana.
- Del buen aprovechamiento de los dos puntos anteriores, se extrae por fuerza, el tercer punto: el ahorro.
La finalidad de todo esto no está muy clara aún, porque hay muchas bifurcaciones en mi futuro concreto que ahora mismo lo convierten en futuro abstracto. Hay dos cosas que sí parecen ciertas: que la primera etapa es Dublín, y que la vuelta ciclista puede que dure los 3 próximos años.
Se aproxima el destino resoplando.
ecos:
La situación actual de la blogosfera hispana
Artículo sobre Dan Perjovschi (1)
Artículo sobre Dan Perjovschi (2)
Web oficial de Dan Perjovschi
El aniquilamiento y su negación en la imagen
Banksy: arte y guerrilla
Ese es el punto en que llego a mediarle la edad. ¿Dejará a partir de ahora de estrujarse los sesos en llevarme la contraria -o viceversa? Lo dudo. Lo dudamos.
En este momento -que incluye éste preciso y alrededores- Otto se prepara para el cambio. Esto consiste en iniciar y desarrollar en la práctica la teoría del monje feliz: recogimiento, estudio y ahorro.
- Aprovechar el recogimiento para el autoanálisis, el autodiálogo y la construcción personal.
- Aprovechar el estudio para aprender html, diseñar y programar mi book online, leer más blogs y escribir más en el mío, así como implementar el nuevo diseño de Eco, la vida con (no clickeis, es un metalink, ya estáis aquí) porque cada día odio más a la vaca-espidermana.
- Del buen aprovechamiento de los dos puntos anteriores, se extrae por fuerza, el tercer punto: el ahorro.
La finalidad de todo esto no está muy clara aún, porque hay muchas bifurcaciones en mi futuro concreto que ahora mismo lo convierten en futuro abstracto. Hay dos cosas que sí parecen ciertas: que la primera etapa es Dublín, y que la vuelta ciclista puede que dure los 3 próximos años.
Se aproxima el destino resoplando.
ecos:
La situación actual de la blogosfera hispana
Artículo sobre Dan Perjovschi (1)
Artículo sobre Dan Perjovschi (2)
Web oficial de Dan Perjovschi
El aniquilamiento y su negación en la imagen
Banksy: arte y guerrilla
lunes, agosto 27, 2007
Uno rápido
¿Por qué se le llama Historia Universal a la historia de Occidente? Esa que empieza con los Griegos, sigue con los Romanos, las Invasiones Bárbaras, la Baja Edad Media (europea), la Alta Edad Media (europea), la Edad Moderna y la Edad contemporánea, europeas ambas pero con artistas invitados (colonias, antiguas colonias que se independizaron, y japón, como parte integrante del eje del mal, entre otros) que no son sino aliados y enemigos de aquellas guerras que se llevaron a cabo cuando la propia Europa ya se quedó pequeña -o arrasada.
¿Por qué esa concepción tan chovinista por la que la historia del mundo es la historia de Europa?
Hoy en día la potencia dominante es Estados Unidos, pero su cultura heredada, la oficial, no es otra que la europea; un poco mestiza tal vez pero las líneas maestras son del viejo continente.
Qué pasará cuando los chinos salten todos a la vez y muevan La Tierra de su órbita. Cuando sean los nuevos amos del mundo. No sabemos nada de la historia de China. Para la Historia Universal China es una civilización antiquísima que data de más de 2000 años antes de Cristo y que comienza su occidentalización en el periodo colonial (Guerras del Opio, mediados del XIX). Para la Historia Universal en esos 3000 años no pasa nada. Una contínua sucesión de Dinastías en un escenario homogéneo en el que no deviene cambio alguno.
Vamos a comprobarlo: trata de imaginar a un campesino chino, a un emperador chino y a un soldado chino de la Dinastía Tang (618-906). Ahora trata de imaginar a los mismos individuos pero contemporáneos a la Dinastía Ming (1368-1644) o a la Dinastía Qing (1644-1912), da igual. ¿Se diferencian en algo?. Me imagino que los tres campesinos llevan un sombrero de paja cónico atado debajo de la barbilla; que los tres emperadores lucen una larguísima trenza negra, la frente afeitada y las manos (con largas uñas) ocultas en las mangas; y que los soldados son samurais, que no son chinos, sino japoneses.
Este señor este de aquí es Genghis Khan. Por la imagen, seguro que dirías que es chino. Y además, basándote únicamente en la imagen, dudo de que fueras capaz de situarlo en el tiempo. Otra cosa es que seas muy list@ y/o cult@ y sepas que este señor vivió a caballo entre los siglos XII y XIII, y que no era chino, sino mongol. Lo dice la Wikipedia.
Año 2079. El profesor de Historia Universal pregunta a sus alumnos:
- A ver niños, las dinastías chinas.
Y toda la clase al unísono:
- Xia, Shang, Zhou, Qin, Han, Xin, Jin, Sui, Liang, Tang, Zhou, Song, Liao, Xia, Jin, Yuan, Ming y Quing.
Igual, igual que los afluentes del Ebro.
Que Dios nos coja confesados.
¿Por qué esa concepción tan chovinista por la que la historia del mundo es la historia de Europa?
Hoy en día la potencia dominante es Estados Unidos, pero su cultura heredada, la oficial, no es otra que la europea; un poco mestiza tal vez pero las líneas maestras son del viejo continente.
Qué pasará cuando los chinos salten todos a la vez y muevan La Tierra de su órbita. Cuando sean los nuevos amos del mundo. No sabemos nada de la historia de China. Para la Historia Universal China es una civilización antiquísima que data de más de 2000 años antes de Cristo y que comienza su occidentalización en el periodo colonial (Guerras del Opio, mediados del XIX). Para la Historia Universal en esos 3000 años no pasa nada. Una contínua sucesión de Dinastías en un escenario homogéneo en el que no deviene cambio alguno.
Vamos a comprobarlo: trata de imaginar a un campesino chino, a un emperador chino y a un soldado chino de la Dinastía Tang (618-906). Ahora trata de imaginar a los mismos individuos pero contemporáneos a la Dinastía Ming (1368-1644) o a la Dinastía Qing (1644-1912), da igual. ¿Se diferencian en algo?. Me imagino que los tres campesinos llevan un sombrero de paja cónico atado debajo de la barbilla; que los tres emperadores lucen una larguísima trenza negra, la frente afeitada y las manos (con largas uñas) ocultas en las mangas; y que los soldados son samurais, que no son chinos, sino japoneses.
Este señor este de aquí es Genghis Khan. Por la imagen, seguro que dirías que es chino. Y además, basándote únicamente en la imagen, dudo de que fueras capaz de situarlo en el tiempo. Otra cosa es que seas muy list@ y/o cult@ y sepas que este señor vivió a caballo entre los siglos XII y XIII, y que no era chino, sino mongol. Lo dice la Wikipedia.Año 2079. El profesor de Historia Universal pregunta a sus alumnos:
- A ver niños, las dinastías chinas.
Y toda la clase al unísono:
- Xia, Shang, Zhou, Qin, Han, Xin, Jin, Sui, Liang, Tang, Zhou, Song, Liao, Xia, Jin, Yuan, Ming y Quing.
Igual, igual que los afluentes del Ebro.
Que Dios nos coja confesados.
domingo, agosto 26, 2007
La gran aventura
Agosto es igual para todos. Para los que trabajamos bajo el calor -supuesto calor el de este año- del mes más cálido del calendario, también. Es por eso que el ritmo de posteo ha decelerado. Por eso y porque desde que volví de Cuba no tengo claridad ni lucidez de pensamiento. Me desenvuelvo en un magma de ideas abocetadas con poca capacidad de profundizar.
Así que considerándolo seriamente, y ante la nefasta posibilidad de perder a mis escasísimos lectores -muchísimas gracias Anita por el apoyo constante- me he decidido a compartir mi nada con todos vosotros. Aquí os dejo un ejercicio de estilo vacuo y vacío. Como un disco publicado en la década posterior a la década en que el artista disfrutó de gloria.
En Agosto he seguido masticando Cuba (todavía sigo, con la entrevista de Ignacio Ramonet a Fidel, con los diarios del Che, con el documental Comandante de Oliver Stone, la biografía de José Martí...) que no puedo quitármela de la cabeza. La visión de mi mundo -primer mundo lo llaman- se ha oscurecido. No es que antes no fuera consciente de las desigualdades y del canibalismo capitalista, pero es que ahora no podría perdonarme mirar para otro lado. Se impone la acción. Aunque no sé como. De momento me declaro en huelga de consumo.
Y seamos prácticos, si la huelga de consumo consigue liberarme de las esclavitudes capitalistas (Dios... hablo como un utópico) veré como en poco tiempo mis recursos económicos se amontonan en mi cuenta naranja, me veré nadando en la abundancia, como una suerte de Tío Gilito con bigote en vez de pico. Y qué hacer entonces. Cómo dar salida a semejante cifra de ceros a la derecha. Mejor, cómo rebelarse dentro del sistema y aprovecharse de ese mismo sistema en beneficio propio (lo siento, sigo siendo un individualista a ultranza).
Y ahí es cuando llega algo que me da vueltas desde que una amiga dejó su tienda de vasos y a su novio para dar la vuelta al mundo. Mi next big thing. Dejarlo todo y viajar durante un año. En eso estamos, en diseñarme un nuevo sistema de existencia monacal -aunque feliz, no perdamos la ilusión- que me permita dar la vuelta al mundo dentro de 10-12 meses.
¿Es una idea feliz que se vendrá abajo en cuanto un día no me apetezca cocinarme un puré de calabaza y desee como un loco atiborrarme de sushi en mi restaurante japonés favorito? ¿Acaso el Otto hippy, acuarísimo e ingenuo, auspiciado por Marte al entrar en la casa de Saturno, está tomando las riendas aburrido de no desaparecer por completo y le hace la guerra (esquizofrénica) y no el amor (coherente) al Otto burgués? ¿O quizá el Otto burgués se descojona mientras, condescendiente, permite a su némesis creer que es alguien?
De momento la idea del monje feliz ilusiona a Otto. Y eso, muy probablemente, es porque, de momento, no deja de ser algo que sucede en el plano de lo ideal. Un bonito bodegón.
Y sigue La gran aventura.
Así que considerándolo seriamente, y ante la nefasta posibilidad de perder a mis escasísimos lectores -muchísimas gracias Anita por el apoyo constante- me he decidido a compartir mi nada con todos vosotros. Aquí os dejo un ejercicio de estilo vacuo y vacío. Como un disco publicado en la década posterior a la década en que el artista disfrutó de gloria.
En Agosto he seguido masticando Cuba (todavía sigo, con la entrevista de Ignacio Ramonet a Fidel, con los diarios del Che, con el documental Comandante de Oliver Stone, la biografía de José Martí...) que no puedo quitármela de la cabeza. La visión de mi mundo -primer mundo lo llaman- se ha oscurecido. No es que antes no fuera consciente de las desigualdades y del canibalismo capitalista, pero es que ahora no podría perdonarme mirar para otro lado. Se impone la acción. Aunque no sé como. De momento me declaro en huelga de consumo.
Y seamos prácticos, si la huelga de consumo consigue liberarme de las esclavitudes capitalistas (Dios... hablo como un utópico) veré como en poco tiempo mis recursos económicos se amontonan en mi cuenta naranja, me veré nadando en la abundancia, como una suerte de Tío Gilito con bigote en vez de pico. Y qué hacer entonces. Cómo dar salida a semejante cifra de ceros a la derecha. Mejor, cómo rebelarse dentro del sistema y aprovecharse de ese mismo sistema en beneficio propio (lo siento, sigo siendo un individualista a ultranza).
Y ahí es cuando llega algo que me da vueltas desde que una amiga dejó su tienda de vasos y a su novio para dar la vuelta al mundo. Mi next big thing. Dejarlo todo y viajar durante un año. En eso estamos, en diseñarme un nuevo sistema de existencia monacal -aunque feliz, no perdamos la ilusión- que me permita dar la vuelta al mundo dentro de 10-12 meses.
¿Es una idea feliz que se vendrá abajo en cuanto un día no me apetezca cocinarme un puré de calabaza y desee como un loco atiborrarme de sushi en mi restaurante japonés favorito? ¿Acaso el Otto hippy, acuarísimo e ingenuo, auspiciado por Marte al entrar en la casa de Saturno, está tomando las riendas aburrido de no desaparecer por completo y le hace la guerra (esquizofrénica) y no el amor (coherente) al Otto burgués? ¿O quizá el Otto burgués se descojona mientras, condescendiente, permite a su némesis creer que es alguien?
De momento la idea del monje feliz ilusiona a Otto. Y eso, muy probablemente, es porque, de momento, no deja de ser algo que sucede en el plano de lo ideal. Un bonito bodegón.
Y sigue La gran aventura.
domingo, agosto 12, 2007
Apuntes sobre Cuba 3: Trinidad
Hace ya 4 semanas que volví de Cuba. Un mes en occidente. Todo empieza a desdibujarse: las fotos quedan flotando, inconexas, mientras, los momentos entre una y otra se deshacen poco a poco. O se rehacen arbitrarios. Prerrogativas de la memoria.
A Trinidad llegamos los 4 (Vidal, Rafa, Jason y yo) por la mañana. Buscar alojamiento no fue fácil, ya que viajábamos con cubanos y a ellos no querían hospedarlos. Al final encontramos una habitación con una cama de matrimonio y otra supletoria y allí nos quedamos. La casa la regentaban Amparo y Raquel, 2 benditas negras que nos trataron estupendamente.
Amparo y Raquel.
Una vez dejamos los bártulos nos fuimos para Tope de Collantes, una garganta impresionante que acababa en una cascada sacada del mismísimo paraíso, el Salto de Caburní. Casi parecía una piscina cubierta por el efecto que la gigantesca pared de piedra producía sobre el agua. Ésta crecía como unos 120 metros sobre la poza y se inclinaba al final hacia delante. El espectáculo era impresionante.
La excursión era larga. Si bajar ya nos había costado lo nuestro imaginaos lo que fue subir. Yo creo que generé poros nuevos para poder sudar lo que en ese momento mi cuerpo necesitaba. Cuando llegamos a Trinidad estábamos deshechos. Queríamos salir a tomar algo, pero fue imposible.
Vidal volvió a La Habana aquella misma mañana. No le habían hecho cambio de guardia y no tuvo más remedio que volver a La Habana a trabajar.
El plan del día siguiente consistía en ir a Playa Ancón. Nuestro primer baño en el Caribe. No sé si ese imaginario colectivo que todos compartimos, basado en fotos de Cancún o Punta Cana, donde las palmeras se inclinan paralelas a una arena blanca y fina y el mar es un degradado perfecto de verde esmeralda a azul ultramar, como digo, no sé si fue esa referencia la culpable de que Playa Ancón me decepcionara, pero el caso es que aquella playa -que sí tenía blanca la arena y transparente el mar- me pareció insulsa, algo ajeno a toda gracia.
El Caribe es un gran cuenco de sopa, caliente y calmado, donde el agua baña la orilla con un movimiento mínimo de fluído. Es un entorno apacible y sin sobresaltos, un mar burgés lleno de especies marinas sorprendentes. Y burguesas. Tuvimos la suerte de comprobarlo con nuestros propios ojos. Contratamos un catamarán que nos llevó hasta una barrera de coral donde hicimos snorkling (buceo con tubo). Aquello fue como estar en un documental de esos que ponen en La2 después de comer. A pesar de que acabé escocido (los corales, aunque parezcan rocas, están vivos y segregan una sustancia urticante que impregnó mis muslos al sentarme sobre uno) la experiencia fue increíble.
Volvimos a Trinidad a la hora de comer (o del almuerzo como dicen allí). Comimos, siesteamos y dejamos correr las horas imposibles que van desde el mediodía hasta las 6 la tarde. Trinidad es una ciudad preciosa. Un rincón colonial por la que parece que no han pasado los siglos. Con tantas actividades no habíamos tenido tiempo de sacarle fotos, así que a eso me entregué el resto de la tarde: a poseer aquello que se escapa.












Trinidad. Entre las 18:00 y las 20:00.
Y llegó la hora de cenar. Aquel día yo me desvirgué dos veces: me bañé en el Caribe y comí langosta, ambas cosas por primera vez en mi vida. Y la langosta no me decepcionó en absoluto. Nos la prepararon a la brasa y a mí, que soy de buen llantar y mejor beber, me pareció algo exquisito.
Volvimos a intentar dejarnos ver en la noche triniteña, pero otra vez resultó tarea imposible. Tanto aletear en el Caribe detrás de peces de colores nos había dejado exhaustos. Así que después de ver un poco el espectáculo musical -lleno de turistas- que se hacía, como todas las noches, en las escaleras de la Plaza Central, no nos quedó más remedio que recogernos pronto e ir a desmayarnos a la casa de Amparo y Raquel. Al día siguiente madrugábamos. Volvíamos a La Habana.
Vidal, supongo que queriendo agradecernos el viaje a La Ferrolana, nos invitó a quedarnos en su casa hasta que nos fuéramos. Llegamos allí al mediodía. Por la tarde Jason y yo fuimos a comprar algún detalle para Carlos y Bibian (y Oneida y Leticia), los dueños de la primera casa en la que nos alojamos, y, por supuesto, algo para Vidal. El regalo de Carlos y Bibian era fácil, algo tipo bombones. Lo de Vidal era más complicado. Nos encontramos, casualmente, con un amigo suyo al que pedimos opinión. Y nos dijo:
- Lo que necesita es dinero.
Nosotros no teníamos intención de darle dinero. Así se lo dijimos.
- Claro, para ustedes, con su mentalidad primermundista, dar dinero es algo fuera de lugar, grotesco incluso. Pero para él no. Lo que realmente quiere es dinero para comprar cemento, para poder acabar su casa.
Ok. Pues cemento. Y eso hicimos. Cojimos un taxi y nos fuimos a buscar cemento por La Habana. No creo que sea lo más habitual que dos yumas (guiris), como éramos Jason y yo, se suban a un taxi y pregunten que dónde pueden comprar cemento. Costó un poco pero lo encontramos. No era muy caro, pero sí muy pesado. 2 bolsas de 56 kilos cada una.
Llegamos a casa de Vidal con la sorpresa -que casi nos cuesta una hernia- y al principio a él le pareció tan fuera de lugar como a nosotros (aunque nuestras reticencias habían desaparecido después del consejo de su amigo). No fue hasta el día siguiente que nos agradeció el regalo con sinceridad. Así que en un principio nosotros pensamos que la habíamos cagado.
Cenamos en casa de Vidal y luego nos fuimos los 4 a La Zorra y El Cuervo, un garito de Jazz en el Vedado. No sé que pasó al entrar que hubo cierto desencuentro y eso marcó el resto de la velada. Incluso entre Jason y yo. Jason se iba al día siguiente y yo decidí que los días que me quedaban en La Habana los iba a hacer a mi aire. Agradecía mucho el gesto de Vidal, pero prefería que mis últimos días en Cuba, fueran míos y sólo míos.
Y sólo míos van a ser, porque hasta aquí voy a escribir. Que sea la memoria por dentro y sin verbo la que haga y deshaga a su antojo.
El próximo post, por fin, cambia de tema.
A Trinidad llegamos los 4 (Vidal, Rafa, Jason y yo) por la mañana. Buscar alojamiento no fue fácil, ya que viajábamos con cubanos y a ellos no querían hospedarlos. Al final encontramos una habitación con una cama de matrimonio y otra supletoria y allí nos quedamos. La casa la regentaban Amparo y Raquel, 2 benditas negras que nos trataron estupendamente.
Amparo y Raquel.Una vez dejamos los bártulos nos fuimos para Tope de Collantes, una garganta impresionante que acababa en una cascada sacada del mismísimo paraíso, el Salto de Caburní. Casi parecía una piscina cubierta por el efecto que la gigantesca pared de piedra producía sobre el agua. Ésta crecía como unos 120 metros sobre la poza y se inclinaba al final hacia delante. El espectáculo era impresionante.
La excursión era larga. Si bajar ya nos había costado lo nuestro imaginaos lo que fue subir. Yo creo que generé poros nuevos para poder sudar lo que en ese momento mi cuerpo necesitaba. Cuando llegamos a Trinidad estábamos deshechos. Queríamos salir a tomar algo, pero fue imposible.
Vidal volvió a La Habana aquella misma mañana. No le habían hecho cambio de guardia y no tuvo más remedio que volver a La Habana a trabajar.
El plan del día siguiente consistía en ir a Playa Ancón. Nuestro primer baño en el Caribe. No sé si ese imaginario colectivo que todos compartimos, basado en fotos de Cancún o Punta Cana, donde las palmeras se inclinan paralelas a una arena blanca y fina y el mar es un degradado perfecto de verde esmeralda a azul ultramar, como digo, no sé si fue esa referencia la culpable de que Playa Ancón me decepcionara, pero el caso es que aquella playa -que sí tenía blanca la arena y transparente el mar- me pareció insulsa, algo ajeno a toda gracia.
El Caribe es un gran cuenco de sopa, caliente y calmado, donde el agua baña la orilla con un movimiento mínimo de fluído. Es un entorno apacible y sin sobresaltos, un mar burgés lleno de especies marinas sorprendentes. Y burguesas. Tuvimos la suerte de comprobarlo con nuestros propios ojos. Contratamos un catamarán que nos llevó hasta una barrera de coral donde hicimos snorkling (buceo con tubo). Aquello fue como estar en un documental de esos que ponen en La2 después de comer. A pesar de que acabé escocido (los corales, aunque parezcan rocas, están vivos y segregan una sustancia urticante que impregnó mis muslos al sentarme sobre uno) la experiencia fue increíble.
Volvimos a Trinidad a la hora de comer (o del almuerzo como dicen allí). Comimos, siesteamos y dejamos correr las horas imposibles que van desde el mediodía hasta las 6 la tarde. Trinidad es una ciudad preciosa. Un rincón colonial por la que parece que no han pasado los siglos. Con tantas actividades no habíamos tenido tiempo de sacarle fotos, así que a eso me entregué el resto de la tarde: a poseer aquello que se escapa.












Trinidad. Entre las 18:00 y las 20:00.Y llegó la hora de cenar. Aquel día yo me desvirgué dos veces: me bañé en el Caribe y comí langosta, ambas cosas por primera vez en mi vida. Y la langosta no me decepcionó en absoluto. Nos la prepararon a la brasa y a mí, que soy de buen llantar y mejor beber, me pareció algo exquisito.
Volvimos a intentar dejarnos ver en la noche triniteña, pero otra vez resultó tarea imposible. Tanto aletear en el Caribe detrás de peces de colores nos había dejado exhaustos. Así que después de ver un poco el espectáculo musical -lleno de turistas- que se hacía, como todas las noches, en las escaleras de la Plaza Central, no nos quedó más remedio que recogernos pronto e ir a desmayarnos a la casa de Amparo y Raquel. Al día siguiente madrugábamos. Volvíamos a La Habana.
Vidal, supongo que queriendo agradecernos el viaje a La Ferrolana, nos invitó a quedarnos en su casa hasta que nos fuéramos. Llegamos allí al mediodía. Por la tarde Jason y yo fuimos a comprar algún detalle para Carlos y Bibian (y Oneida y Leticia), los dueños de la primera casa en la que nos alojamos, y, por supuesto, algo para Vidal. El regalo de Carlos y Bibian era fácil, algo tipo bombones. Lo de Vidal era más complicado. Nos encontramos, casualmente, con un amigo suyo al que pedimos opinión. Y nos dijo:
- Lo que necesita es dinero.
Nosotros no teníamos intención de darle dinero. Así se lo dijimos.
- Claro, para ustedes, con su mentalidad primermundista, dar dinero es algo fuera de lugar, grotesco incluso. Pero para él no. Lo que realmente quiere es dinero para comprar cemento, para poder acabar su casa.
Ok. Pues cemento. Y eso hicimos. Cojimos un taxi y nos fuimos a buscar cemento por La Habana. No creo que sea lo más habitual que dos yumas (guiris), como éramos Jason y yo, se suban a un taxi y pregunten que dónde pueden comprar cemento. Costó un poco pero lo encontramos. No era muy caro, pero sí muy pesado. 2 bolsas de 56 kilos cada una.
Llegamos a casa de Vidal con la sorpresa -que casi nos cuesta una hernia- y al principio a él le pareció tan fuera de lugar como a nosotros (aunque nuestras reticencias habían desaparecido después del consejo de su amigo). No fue hasta el día siguiente que nos agradeció el regalo con sinceridad. Así que en un principio nosotros pensamos que la habíamos cagado.
Cenamos en casa de Vidal y luego nos fuimos los 4 a La Zorra y El Cuervo, un garito de Jazz en el Vedado. No sé que pasó al entrar que hubo cierto desencuentro y eso marcó el resto de la velada. Incluso entre Jason y yo. Jason se iba al día siguiente y yo decidí que los días que me quedaban en La Habana los iba a hacer a mi aire. Agradecía mucho el gesto de Vidal, pero prefería que mis últimos días en Cuba, fueran míos y sólo míos.
Y sólo míos van a ser, porque hasta aquí voy a escribir. Que sea la memoria por dentro y sin verbo la que haga y deshaga a su antojo.
El próximo post, por fin, cambia de tema.
martes, julio 31, 2007
Apuntes sobre Cuba_2: Una noche en La Ferrolana
Viajar en Cuba, dentro de Cuba puede convertirse en una empresa difícil y tediosa. A unas carreteras monótonas y desiertas (por lo menos la autovía de La Habana a Satiago de Cuba lo era) hay que sumarle una variedad de coches reducida a Chevrolets de los 50 (con 50 años de remiendos, parches y ñapas), durísimos Ladas soviéticos y pequeños utilitarios europeos más modernos. Rectas infinitas sobre el llano de la isla salpicadas de algún que otro cartel revolucionario y un pavimento caluroso y gris, sin marcas viales.
Carretera de La Habana a Santiago de Cuba.
Dariel, un cubano guapo y enorme, nos llevó a los 4 (Rafael, Vidal, Jason y yo) a través de un paisaje siempre verde y exuberante aunque no frondoso. 350 kilómetros de La Habana a Sancti Espíritus en 6 horas largas.
Rafael y Jason durmiendo en el trayecto.
Nos dirigíamos a la casa de los padres de Vidal en La Ferrolana, una pequeña aldea adscrita al municipio de La Sierpe en la provincia de Sancti Espíritus. Él llevaba 2 años sin ir. Para nosotros, turistas, viajar dentro de Cuba puede ser una empresa difícil y tediosa, como he dicho, pero para un cubano, esta empresa cobra tintes de inviabilidad. Un ejemplo: Rafael, 40 años, tan sólo había salido una vez fuera de La Habana, a Matanzas (ni 100 km al este). Y es que el apartheid en Cuba existe. Por un lado, la Cuba del arroz y los frijoles, la de los cubanos. Por otro, la Cuba del daikirí en la Floridita o del mojito en la Bodeguita del Medio, la Cuba de Varadero y los Cayos del Norte, la Cuba de los turistas internacionales que con sus divisas mantienen ese sueño caduco y mal aplicado que es la revolución cubana.
La Ferrolana fue el mejor regalo que Vidal podía hacernos: Cuba fuera de las ciudades. Por dentro. De primera mano. Donde el turismo no llega o donde el turista no es una oportunidad con piernas y mal gusto.
Era de noche cuando llegamos. Una línea de casas (no más de 15) de una sola altura frente a la carretera. Nos detuvimos frente a la penúltima -si vas de Sancti Espíritus a La Sierpe. Estaba muy oscuro porque no había ningún tipo de alumbrado público. A la entrada de la casa, en el exterior, recortados en la luz que venía desde la puerta, un pequeño grupo de personas nos esperaban. Eran cuerpos indefinidos, que se acercaban a saludarnos en la oscuridad. Sus voces alegres eran la única pista sobre su sexo o edad, aunque todo se mezclaba y nunca sabías quién te saludaba. De repente, el contacto de una mejilla desconocida con la tuya. Una vez. Y otra.
- Hola.- Y un beso, que es como allí se saluda la gente. Un beso. No dos como aquí. Es probable que la inutilidad de ese segundo beso nacional tan redundante lo hiciera extinguirse en algún momento de los últimos 500 años, o tal vez se hundió en el Atlántico con alguna carabela que no volvió.
Entre todo ese revuelo, Marta, la madre de Vidal y Chino, su padrastro. Nos hicieron pasar dentro y nos llevaron a nuestra habitación, mientras nos cogían a Jason y a mi de la mano o alargaban sus brazos alrededor de nuestros hombros con plena confianza, como si siempre hubiésemos sido de la familia. Nos alojaron en la mejor habitación de la casa. Luego nos enteramos que la había construido Vidal. La casa entera.
Chino, Marta (La Vaca Que Habla) y Vidal.
Una imagen lynchiana: mientras me duchaba echándome cazos de agua sobre la cabeza un sapo me miraba desde la ventana. "Es un mundo extraño".
El sapo lynchiano.
La casa de Vidal, junto con las otras adosadas, formaban un CDR (Comité de Defensa de la Revolución), que en el campo es una comunidad de campesinos organizada. A mi me recordaba a lo que había leído sobre los kibutz en Israel. Los CDRs se formaron en origen para luchar contra la disidencia, eran comunidades de 100 vecinos cuyo presidente informaba a las autoridades de la calidad revolucionaria de sus vecinos, un sistema que convertía a los vecinos en espías y espiados a un tiempo. Con el tiempo estos CDRs han acabado convirtiéndose en comunidades de vecinos al uso, organizaciones sociales que resuelven pequeños problemas cotidianos y velan por el bienestar del vecindario.
En el CDR de Ferrolana la armonía parecía ser el estado natural de convivencia vecinal. Las puertas de las casas están abiertas todo el día, se ayudan, comparten, celebran...
Después de cenar, salimos fuera de la casa -hacía más fresco- y nos sentamos en un banco precario junto con algunos vecinos. Bebimos ron y charlamos. Eran inocentes, ingenuos y bondadosos. Se les veía contentos y satisfechos. No querían nada más. De hecho lo decían. Decían que aquello les gustaba, que no querían, como otros cubanos, irse fuera del país. Y no eran gente inculta y sin estudios, que quede bien claro. Casi todos habían ido a la universidad y algunos trabajaban de maestros, además de en el campo.
Vecinos de La Ferrolana.
Disertación de Leticia:
-A mí me gustaría ver todas esas cosas bonitas que hay fuera, la Torre Eiffel o las pirámides de Egipto.- Cuando decía esto su cara se iluminaba. -Pero luego volvería a mi país.
En Cuba, como en todo régimen totalitario que se precie, se ejerce control sobre la población. Si eres cubano es francamente difícil salir del país. Hay muchos libros que no encontrarías jamás en Cuba.
-Aquí no encontrarás libros peligrosos.- Me decía Rafael con sorna. -Sólo libros que piensen bien.
Durante todo el viaje he intentado hacerme una idea de lo que es ese país, de cómo vive la gente en un régimen socialista como el cubano, qué les aporta y qué les quita. He hablado con todos los que he podido, de la revolución, de cómo la ven, de cómo viven, si quieren o no irse de allí. Siempre desde un punto de vista humanista, ajeno a mis propias tendencias políticas -que las tengo- que podrían entorpecer y sesgar mi percepción de ese particular estado de cosas.
Si en los días anteriores que había pasado en La Habana la revolución me había parecido una estafa al pueblo, mi estancia en La Ferrolana hizo de contrapeso, contrarrestando y completando esa percepción inicial. Y es que en el campo, la revolución socialista, parece funcionar.
Por qué en el campo sí y no en la ciudad. En el campo, el contacto con el exterior es escaso, no en cambio en la ciudad, donde sus habitantes se ven continuamente expuestos a estímulos externos, a turistas con sus cámaras de fotos, sus Adidas -recuerdo que Yohainne nos dijo que él quería unas Adidas-, sus espejuelos de sol, etc. En el campo no desean porque no conocen, pero en la ciudad, inevitablemente anhelan lo que sí conocen pero no tienen. El socialismo funciona en el campo porque no compite con nada más, porque los campesinos se ven cubiertos en sus necesidades básicas (sanidad y educación: la clave del régimen cubano), atendidos y protegidos por el régimen.
Es el deseo lo que hace que el socialismo no funcione.
Teniendo en cuenta que las impresiones que yo haya podido hacerme están sesgadas por mi condición de extranjero y por la superficialidad que un viaje tan corto (10 días) imprime a las conversaciones que mantuve; y el hecho de que quien escribe no es un intelectual -en general-, ni un estudioso de la revolución cubana -en particular-; teniendo, como digo, todo esto en cuenta, he llegado a las siguientes conclusiones:
Puede ser que en origen la revolución socialista cubana fuera esencialmente humanista (como lo es el socialismo) y que Fidel, Raúl, el Che y el resto de compañeros de la Sierra Maestra creyeran en la utopía y confiaran en las tesis de Marx según las cuales el capitalismo se devoraría a sí mismo.
Puede que si el socialismo soviético no hubiera sido dirigido durante 31 años por un megalómano de la talla de Stalin, el socialismo internacional habría tenido alguna oportunidad en el mundo. Aunque lo dudo. Sencillamente porque es un sistema que se equivoca en el análisis de la naturaleza humana. No somos iguales, ni queremos serlo. Queremos poseer y disponer conforme al valor que la sociedad nos atribuya. Deseamos y anhelamos por naturaleza. Y es por eso que el capitalismo tiene una ventaja adaptativa frente al comunismo, porque el capitalismo se adapta mejor a la esencia egoísta y ambiciosa del ser humano.
Puede que si el socialismo no hubiera muerto de inanición en Europa, la realidad de la revolución cubana sería otra y no la que es, una realidad siniestra definida por el autismo y la cabezonería.
Puede que si EE.UU., haciendo valer por una vez cuestiones humanitarias, hubiera levantado en los 90 el bloqueo comercial que ejercía -y ejerce todavía- contra Cuba, cuando ya habían desaparecido los regímenes socialistas europeos de los que dependían la mayoría de exportaciones e importaciones cubanas, la economía cubana habría sabido encontrar el camino hacia la sostenibilidad y no el de la supervivencia que es el que se vio forzada a tomar.
Todo podría haber sido de otra manera, pero a día de hoy, en 2007, Cuba es un país anclado, no, mejor dicho, encallado en la historia. Un país viejo y acabado, desecho y destruido.
La revolución ha fracasado.
El proyecto revolucionario no se sostiene en un mundo globalizado. Un mundo caracterizado por el corporacionismo y la desigualdad social a escala internacional que provoca, por la ferocidad depredadora con que se hace negocio, por los graves problemas de sobrepeso inconsciente y por el individualismo obsesivo de sus gentes; pero, por otro lado, también lleno de oportunidades de desarrollo económico y social REAL para el mundo en su conjunto. No es el sistema el que falla, sino la mentalidad con que se aplica.
Aunque, todo hay que decirlo, también hay logros en la revolución cubana. Cuba es una superpotencia médica, que solidariamente exporta sus médicos en crisis humanitarias internacionales. Ha erradicado el analfabetismo y tiene el índice más bajo de violencia urbana de toda Sudamérica. En Cuba, un país cuya población está compuesta por blancos, negros y trigueños (mestizos), no hay racismo de ningún tipo. Y lo que más nos sorprendió tanto a Jason como a mí: el fuerte sentido de comunidad que tienen, su espíritu colectivo, que contrasta mucho con el individualismo exacerbado al que nosotros estamos acostumbrados y que sin duda nos define.
Cuba, bueno, los cubanos, que son los que hacen Cuba, se merecen algo mejor que lo que tienen. De eso no hay duda. Se merecen no tener que hacer malabarismos para cubrir sus necesidades básicas -y las no tan básicas aunque sí necesarias. Merecen una libertad real garantizada por una democracia que no controle sus movimientos.
Y bueno, hasta aquí el rollo. Sigo con el viaje.
A la mañana siguiente nos levantamos bien pronto. Íbamos a acompañar a Vidal a saludar a sus conocidos, a los que hacía 2 años que no veía. Aquello fue nuestro National Geographic particular. Os lo cuento en imágenes que, como dicen, valen más que mil palabras.
Vidal y su sobrina caminan por la aldea.

Las jimaguas (gemelas).
El niño que no hablaba.
Doña Luisa.
Las cuidadas manos de Doña Luisa.
Después vino Adonis a buscarnos en su Lada azul. Adonis era el taxista que cogimos en Sancti Spiritus. Iba a estar con nosotros los 3 días que durase nuestro viaje por el sur, aunque el último día nos dejó tirados. Algo debió de molestarle. Yo siempre le llamaba Andoni, qué cosas.
Primer destino, la Torre Inclinada, antes de llegar a Trinidad. Una torre construida por el señor, dueño de aquellas tierras, para poder vigilar sus dominios. Desde allí se veían todos sus dominios: el llano, la casa señorial, los barracones de los esclavos y los ingenios -los bienes de producción, propiedad del señor, con el que los esclavos realizaban el trabajo rural y la producción del azúcar. No vivían mal los señores, no.
Allí probamos el guarapo. Es una bebida que se extrae directamente al prensar la caña de azúcar. Parece agua sucia y su aspecto no invita demasiado a tomártelo, pero resulta una bebida dulce muy refrescante.
De allí a Trinidad, que estaba a un paso, aunque eso os los cuento otro día porque tanta paja mental sobre la revolución ha acabado conmigo.
Carretera de La Habana a Santiago de Cuba.Dariel, un cubano guapo y enorme, nos llevó a los 4 (Rafael, Vidal, Jason y yo) a través de un paisaje siempre verde y exuberante aunque no frondoso. 350 kilómetros de La Habana a Sancti Espíritus en 6 horas largas.
Rafael y Jason durmiendo en el trayecto.Nos dirigíamos a la casa de los padres de Vidal en La Ferrolana, una pequeña aldea adscrita al municipio de La Sierpe en la provincia de Sancti Espíritus. Él llevaba 2 años sin ir. Para nosotros, turistas, viajar dentro de Cuba puede ser una empresa difícil y tediosa, como he dicho, pero para un cubano, esta empresa cobra tintes de inviabilidad. Un ejemplo: Rafael, 40 años, tan sólo había salido una vez fuera de La Habana, a Matanzas (ni 100 km al este). Y es que el apartheid en Cuba existe. Por un lado, la Cuba del arroz y los frijoles, la de los cubanos. Por otro, la Cuba del daikirí en la Floridita o del mojito en la Bodeguita del Medio, la Cuba de Varadero y los Cayos del Norte, la Cuba de los turistas internacionales que con sus divisas mantienen ese sueño caduco y mal aplicado que es la revolución cubana.
La Ferrolana fue el mejor regalo que Vidal podía hacernos: Cuba fuera de las ciudades. Por dentro. De primera mano. Donde el turismo no llega o donde el turista no es una oportunidad con piernas y mal gusto.
Era de noche cuando llegamos. Una línea de casas (no más de 15) de una sola altura frente a la carretera. Nos detuvimos frente a la penúltima -si vas de Sancti Espíritus a La Sierpe. Estaba muy oscuro porque no había ningún tipo de alumbrado público. A la entrada de la casa, en el exterior, recortados en la luz que venía desde la puerta, un pequeño grupo de personas nos esperaban. Eran cuerpos indefinidos, que se acercaban a saludarnos en la oscuridad. Sus voces alegres eran la única pista sobre su sexo o edad, aunque todo se mezclaba y nunca sabías quién te saludaba. De repente, el contacto de una mejilla desconocida con la tuya. Una vez. Y otra.
- Hola.- Y un beso, que es como allí se saluda la gente. Un beso. No dos como aquí. Es probable que la inutilidad de ese segundo beso nacional tan redundante lo hiciera extinguirse en algún momento de los últimos 500 años, o tal vez se hundió en el Atlántico con alguna carabela que no volvió.
Entre todo ese revuelo, Marta, la madre de Vidal y Chino, su padrastro. Nos hicieron pasar dentro y nos llevaron a nuestra habitación, mientras nos cogían a Jason y a mi de la mano o alargaban sus brazos alrededor de nuestros hombros con plena confianza, como si siempre hubiésemos sido de la familia. Nos alojaron en la mejor habitación de la casa. Luego nos enteramos que la había construido Vidal. La casa entera.
Chino, Marta (La Vaca Que Habla) y Vidal.Una imagen lynchiana: mientras me duchaba echándome cazos de agua sobre la cabeza un sapo me miraba desde la ventana. "Es un mundo extraño".
El sapo lynchiano.La casa de Vidal, junto con las otras adosadas, formaban un CDR (Comité de Defensa de la Revolución), que en el campo es una comunidad de campesinos organizada. A mi me recordaba a lo que había leído sobre los kibutz en Israel. Los CDRs se formaron en origen para luchar contra la disidencia, eran comunidades de 100 vecinos cuyo presidente informaba a las autoridades de la calidad revolucionaria de sus vecinos, un sistema que convertía a los vecinos en espías y espiados a un tiempo. Con el tiempo estos CDRs han acabado convirtiéndose en comunidades de vecinos al uso, organizaciones sociales que resuelven pequeños problemas cotidianos y velan por el bienestar del vecindario.
En el CDR de Ferrolana la armonía parecía ser el estado natural de convivencia vecinal. Las puertas de las casas están abiertas todo el día, se ayudan, comparten, celebran...
Después de cenar, salimos fuera de la casa -hacía más fresco- y nos sentamos en un banco precario junto con algunos vecinos. Bebimos ron y charlamos. Eran inocentes, ingenuos y bondadosos. Se les veía contentos y satisfechos. No querían nada más. De hecho lo decían. Decían que aquello les gustaba, que no querían, como otros cubanos, irse fuera del país. Y no eran gente inculta y sin estudios, que quede bien claro. Casi todos habían ido a la universidad y algunos trabajaban de maestros, además de en el campo.
Vecinos de La Ferrolana.Disertación de Leticia:
-A mí me gustaría ver todas esas cosas bonitas que hay fuera, la Torre Eiffel o las pirámides de Egipto.- Cuando decía esto su cara se iluminaba. -Pero luego volvería a mi país.
En Cuba, como en todo régimen totalitario que se precie, se ejerce control sobre la población. Si eres cubano es francamente difícil salir del país. Hay muchos libros que no encontrarías jamás en Cuba.
-Aquí no encontrarás libros peligrosos.- Me decía Rafael con sorna. -Sólo libros que piensen bien.
Durante todo el viaje he intentado hacerme una idea de lo que es ese país, de cómo vive la gente en un régimen socialista como el cubano, qué les aporta y qué les quita. He hablado con todos los que he podido, de la revolución, de cómo la ven, de cómo viven, si quieren o no irse de allí. Siempre desde un punto de vista humanista, ajeno a mis propias tendencias políticas -que las tengo- que podrían entorpecer y sesgar mi percepción de ese particular estado de cosas.
Si en los días anteriores que había pasado en La Habana la revolución me había parecido una estafa al pueblo, mi estancia en La Ferrolana hizo de contrapeso, contrarrestando y completando esa percepción inicial. Y es que en el campo, la revolución socialista, parece funcionar.
Por qué en el campo sí y no en la ciudad. En el campo, el contacto con el exterior es escaso, no en cambio en la ciudad, donde sus habitantes se ven continuamente expuestos a estímulos externos, a turistas con sus cámaras de fotos, sus Adidas -recuerdo que Yohainne nos dijo que él quería unas Adidas-, sus espejuelos de sol, etc. En el campo no desean porque no conocen, pero en la ciudad, inevitablemente anhelan lo que sí conocen pero no tienen. El socialismo funciona en el campo porque no compite con nada más, porque los campesinos se ven cubiertos en sus necesidades básicas (sanidad y educación: la clave del régimen cubano), atendidos y protegidos por el régimen.
Es el deseo lo que hace que el socialismo no funcione.
Teniendo en cuenta que las impresiones que yo haya podido hacerme están sesgadas por mi condición de extranjero y por la superficialidad que un viaje tan corto (10 días) imprime a las conversaciones que mantuve; y el hecho de que quien escribe no es un intelectual -en general-, ni un estudioso de la revolución cubana -en particular-; teniendo, como digo, todo esto en cuenta, he llegado a las siguientes conclusiones:
Puede ser que en origen la revolución socialista cubana fuera esencialmente humanista (como lo es el socialismo) y que Fidel, Raúl, el Che y el resto de compañeros de la Sierra Maestra creyeran en la utopía y confiaran en las tesis de Marx según las cuales el capitalismo se devoraría a sí mismo.
Puede que si el socialismo soviético no hubiera sido dirigido durante 31 años por un megalómano de la talla de Stalin, el socialismo internacional habría tenido alguna oportunidad en el mundo. Aunque lo dudo. Sencillamente porque es un sistema que se equivoca en el análisis de la naturaleza humana. No somos iguales, ni queremos serlo. Queremos poseer y disponer conforme al valor que la sociedad nos atribuya. Deseamos y anhelamos por naturaleza. Y es por eso que el capitalismo tiene una ventaja adaptativa frente al comunismo, porque el capitalismo se adapta mejor a la esencia egoísta y ambiciosa del ser humano.
Puede que si el socialismo no hubiera muerto de inanición en Europa, la realidad de la revolución cubana sería otra y no la que es, una realidad siniestra definida por el autismo y la cabezonería.
Puede que si EE.UU., haciendo valer por una vez cuestiones humanitarias, hubiera levantado en los 90 el bloqueo comercial que ejercía -y ejerce todavía- contra Cuba, cuando ya habían desaparecido los regímenes socialistas europeos de los que dependían la mayoría de exportaciones e importaciones cubanas, la economía cubana habría sabido encontrar el camino hacia la sostenibilidad y no el de la supervivencia que es el que se vio forzada a tomar.
Todo podría haber sido de otra manera, pero a día de hoy, en 2007, Cuba es un país anclado, no, mejor dicho, encallado en la historia. Un país viejo y acabado, desecho y destruido.
La revolución ha fracasado.
El proyecto revolucionario no se sostiene en un mundo globalizado. Un mundo caracterizado por el corporacionismo y la desigualdad social a escala internacional que provoca, por la ferocidad depredadora con que se hace negocio, por los graves problemas de sobrepeso inconsciente y por el individualismo obsesivo de sus gentes; pero, por otro lado, también lleno de oportunidades de desarrollo económico y social REAL para el mundo en su conjunto. No es el sistema el que falla, sino la mentalidad con que se aplica.
Aunque, todo hay que decirlo, también hay logros en la revolución cubana. Cuba es una superpotencia médica, que solidariamente exporta sus médicos en crisis humanitarias internacionales. Ha erradicado el analfabetismo y tiene el índice más bajo de violencia urbana de toda Sudamérica. En Cuba, un país cuya población está compuesta por blancos, negros y trigueños (mestizos), no hay racismo de ningún tipo. Y lo que más nos sorprendió tanto a Jason como a mí: el fuerte sentido de comunidad que tienen, su espíritu colectivo, que contrasta mucho con el individualismo exacerbado al que nosotros estamos acostumbrados y que sin duda nos define.
Cuba, bueno, los cubanos, que son los que hacen Cuba, se merecen algo mejor que lo que tienen. De eso no hay duda. Se merecen no tener que hacer malabarismos para cubrir sus necesidades básicas -y las no tan básicas aunque sí necesarias. Merecen una libertad real garantizada por una democracia que no controle sus movimientos.
Y bueno, hasta aquí el rollo. Sigo con el viaje.
A la mañana siguiente nos levantamos bien pronto. Íbamos a acompañar a Vidal a saludar a sus conocidos, a los que hacía 2 años que no veía. Aquello fue nuestro National Geographic particular. Os lo cuento en imágenes que, como dicen, valen más que mil palabras.
Vidal y su sobrina caminan por la aldea.
Las jimaguas (gemelas).
El niño que no hablaba.
Doña Luisa.
Las cuidadas manos de Doña Luisa.Después vino Adonis a buscarnos en su Lada azul. Adonis era el taxista que cogimos en Sancti Spiritus. Iba a estar con nosotros los 3 días que durase nuestro viaje por el sur, aunque el último día nos dejó tirados. Algo debió de molestarle. Yo siempre le llamaba Andoni, qué cosas.
Primer destino, la Torre Inclinada, antes de llegar a Trinidad. Una torre construida por el señor, dueño de aquellas tierras, para poder vigilar sus dominios. Desde allí se veían todos sus dominios: el llano, la casa señorial, los barracones de los esclavos y los ingenios -los bienes de producción, propiedad del señor, con el que los esclavos realizaban el trabajo rural y la producción del azúcar. No vivían mal los señores, no.
Allí probamos el guarapo. Es una bebida que se extrae directamente al prensar la caña de azúcar. Parece agua sucia y su aspecto no invita demasiado a tomártelo, pero resulta una bebida dulce muy refrescante.
De allí a Trinidad, que estaba a un paso, aunque eso os los cuento otro día porque tanta paja mental sobre la revolución ha acabado conmigo.
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