Ray Loriga decía que puedes huir de una mujer o correr hacia una mujer, pero que nunca puedes ir sin una mujer en la cabeza. 10 años después de leer aquello, el tiempo ha situado aquella frase en una dimensión casi profética.
Llegó el momento de hablar de la mujer que vive ahora en mi cabeza.
No sé muy bien como empezar. La llamaré Linda Fairytale. La conocí hace 2 años, en Barcelona, en el Primavera Sound de aquel año. Creo que acababan de tocar Mäximo Park, y Arcade Fire se preparaban en el escenario. Yo empecé a hablar con su amiga, a la que voy a llamar Lady D.B. Eyes.
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We come from Australia- dijo.
Yo debía de estar sembrado y me marqué un speech -luego ellas me lo dijeron- sobre España y Franco y la transición y yo que sé que más.
Politics guy me bautizaron. Aquella noche las perdí y me dediqué al hedonismo, o al anti-yoga tal y como lo llama Nacho Cano.
La noche siguiente me las encontré en primera fila del concierto de Sons and Daughters (bueno nos las encontramos, porque estaba con mi gran gran amigo Vilón Galactic -titi, te debo un post enterito- y su chica). Una peculiar pareja: Linda, alta, sonriente, habladora; Lady D.B. Eyes, pequeñita, más reservada, pero con unos ojos de mirada intensa que no perdían detalle de nada. Aquella noche, nos hicimos todos amigos. Y también la noche siguiente.
A mi me gustaba Lady D.B. Eyes. Su mirada era capaz de atravesarme el cráneo. Nadie me había mirado así antes. Nunca sabré si es que me miraba a mí, o es que la noche le confundía. He estado con ella un par de veces después, en Londres y en Madrid y ya no miraba igual, así que voy a decantarme por la segunda hipótesis.
De Linda recuerdo que me reí mucho con ella. Fue dulce y divertida. En ningún momento me planteé nada con ella. Desde que la conocí, siempre he pensado que era demasiado alta para mí. Casi me saca una cabeza. Aunque eso no es muy difícil, todo hay que decirlo.
Acabó el festival. El Domingo fue un evidente, claro e ineludible día 0. Aunque ese mismo día volvía a Madrid por la noche, el Lunes yo me fui a Rosas con mi amigo Johnny Machine, a ver a nuestro colega, el Marqués de Ripa, que empezaba como jefe de cocina en un restaurante en la playa. Las llamé para invitarles a venir y aceptaron. Fue un gran día: hubo sol y lluvia y comida junto a la playa y mar y mucha conversación feliz de ser compartida. Volvimos a Barcelona y nos despedimos efusivamente prometiéndonos fervientemente
be in touch.
Y eso fue lo que hicimos. Sorprendentemente. Durante los siguientes meses empezamos a enviarnos mails y algún que otro SMS con cierta asiduidad. A mi me sorprendió la buena impresión que había causado en ellas, porque no dejaban de decirme lo estupendo que era, que había sido
wondrfulísimo conocernos y que teníamos que volver a vernos. En sus mensajes había mucho amor, del bueno, del limpio, y a mí eso me encantó. Los mensajes de ambas eran así, pero Linda lo llenaba todo de una ternura que me desmontaba.
Cuando fui a Londres en Noviembre todo quedó claro para mi: era Linda y no Lady D.B. Eyes
the one who touched me deep inside. Para ser fiel a la verdad lo cierto es que no fui allí al 100%, estaba pasando una mala racha: crisis de identidad, la autoestima por los suelos, etc. Pero aquellos días con Linda fueron fantásticos. Me dejó acercarme y lo que ví me encandiló.
Tras esa apariencia de tía enrollada, había una persona inteligente y extremadamente sensible, con una vida interior muy rica. Tenía un golpe ganador y era esa combinación de fuerza y coraje por un lado, y una tiernísima vulnerabilidad por otro. Compartí su habitación 6 días en un pequeño piso junto a Marble Arch. Ella trabajaba pero estuvo pendiente de mi en todo momento. Me trató muy bien. Hablamos de todo, de libros, de música, de arte, de nosotros, de nuestras relaciones, de nuestros futuros inmediatos y nuestras aspiraciones. Y en cierta medida me vi reflejado en ella. Compartíamos una manera similar de ver el mundo. No hay mucha gente con la que sienta semejante empatía, menos aún que la sienta en tan poco tiempo, y el número se reduce a uno si tenemos en cuenta que nuestras conversaciones eran en inglés, un idioma en el que me defiendo, pero que estoy lejos de dominar.
Y volví a Madrid. Quizá no enamorado -ese es un estado al que he tardado un año más en llegar-, pero sí conmovido, sintiéndome muy cercano, sabiendo que había conocido a alguien importante y que quería mantener cerca de mi. Ella pasó el invierno en los Alpes franceses, trabajando y haciendo snowboard. Conoció a un francés y se enamoró. Cuando acabó la temporada, al principio de la Primavera -debía de ser Mayo- ella volvía a Australia y se llevaba a su chico. Lo del chico estaba bien para mi, Linda era una amiga y me alegraba por ella si era feliz. Lo de Australia, me gustaba menos. Pese a que en 1 año, sólo habíamos pasado 10 días juntos, y que nuestra relación se basaba única y exclusivamente en mails quincenales, el que se fuera a Australia a mi me sonaba como algo irreversible. Fue la primera vez que la eché de menos.
Sabiendo que se iba al otro lado del mundo le invité a conocer Madrid antes de volver a Australia. Ella hizo sus planes y consiguió encajar una semana en Madrid en su agenda. Quería devolverle todo el afecto y la atención que me había dado en Londres. Yo trabajaba y no pude ir a buscarla al aeropuerto. La recogí en la Plaza de Chueca. Ella leía sentada en un banco. Tenía el brazo derecho escayolado. Se había roto la muñeca en la nieve.
Ya la primera noche fue especial. Después de ir a casa, dejar los bártulos, y dejarnos caer por una terraza del barrio, tras unas cuantas cañas nos emocionamos y nos abrazamos porque estábamos realmente contentos de estar juntos. Creo que ese fue el primer momento en que pensé en besarla. Pero tenía novio. No era el momento.
Se quedó 5 días. Además el fin de semana vino Lady D.B. Eyes desde Londres para acabar de hacer perfecto el reencuentro. Los tres de parranda por Madrid. Las llevé a la Latina y fueron conquistadas, sin oponer resistencia alguna, por el sol, las cañas y las olivas. Aquel fue un gran día. Acabamos en mi casa, ciegos como perras, bailando a Elvis y saltando encima del sofá-cama. Saltamos tanto que rompimos una lama del somier.

Esta foto es de ese fin de semana. Acabábamos de recoger a Lady D.B. Eyes del aeropuerto y estábamos tomándonos un vino en la azotea de mi casa.
En castellano existe una sutil diferencia entre ser guapa y ser bella. La belleza de una mujer guapa se explica matemáticamente, es una cuestión de proporción y geometría. Mientras que la belleza de una mujer bella es puramente metafísica, la belleza de sus facciones responde a la belleza de su alma. Linda pertenece a esta segunda categoría.
Y se fue a Australia. No he vuelto a verla desde entonces y ha pasado ya más de 1 año. Hemos seguido escribiéndonos y los mails han ido poco a poco ganando intensidad. Soy consciente de que escribiendo mails a medio mundo de distancia, con una limitadísima posibilidad de volver a verse, las palabras adquieran un peso que posiblemente no tengan. El hecho de que en inglés se cierre una carta con "big love" o "love u" o cosas por el estilo tampoco ayuda.
Se acordó de mi cumpleaños y creo que sólo le dije la fecha un día en Londres y de pasada. Aquello me emocionó. Yo me acordé del suyo, y con Lady D.B. Eyes de cómplice, le mandé flores. Una noche en febrero, después de una juerga en Vitoria, sentí la necesidad de compartir mi euforia con ella y antes de dormir le envié algo así como nueve mensajes concatenados. Dijo que había sentido mucho amor. And so on, so on, so on.
El caso es que durante este último año la he sentido muy cerca y la he echado realmente de menos. Tanto amor compartido y enviado, tanto apoyo incondicional, tantas confesiones íntimas han acabado por hacerme proyectar mis carencias afectivas en una mujer que es real y virtual a un tiempo.
Ha habido conatos de encuentro que han acabado en aguas de borraja. Yo estuve a punto de irme a Sydney a descubrir lo que sentía, pero no pudo ser. Nos íbamos a ir de vacaciones este año a Tailandia, pero no ha podido ser. Ella iba a venir el año que viene a España a trabajar, pero es complicadísimo, y no va a poder ser (incluso le ofrecí casarse conmigo por los papeles).
Por lo que sé su regreso a Sydney no ha sido lo que esperaba, ha pasado un mal año y se ha propuesto volver a viajar el año que viene. A día de hoy (y digo esto porque puede no ser lo mismo que a día de mañana) parece que a principios del año que viene se va a establecer primero en Francia, donde sí puede trabajar, para luego dar el salto a Sudamérica.
Para mí Francia está bien. Necesito poder acercarme a verla y tener una conversación. La conversación, creo. No puedeo ofrecerle nada, porque ni siquiera sé si estoy realmente enamorado, no estoy seguro de que todo esto no sea una ficción de amor más, a las cuales parece que estoy abonado, una vuelta de tuerca más de mi bodegonismo particular. Lo que quiero poder decirle, más allá de todas estas pajas mentales, es que desde hace tiempo no voy al cine, ni a un concierto, ni a un museo sin pensar en compartirlo con ella, que el hueco a mi izquierda que hay en mi cama tiene cada vez más su forma, y que, teniendo en cuenta que la potencialidad también es una forma de energía, la nuestra, la potencialidad de lo que pudiera pasar entre nosotros es equivalente al Enola Gay sobre Hiroshima.
Ayer fue la primera vez que todo esto se convirtió en algo físico. Había visto una peli argentina, no muy buena, todo hay que decirlo, pero lo suficientemente argentina como para que me emocionara. Ricardo Darín no dejaba de mostrarme que el corazón es el camino. Me costó dormirme. Empecé a fantasear, a imaginarme con ella. Se me encogió el estómago y se me aceleró el corazón. Hasta ahora no había sido más que una fantasía, pero ahora la fantasía tiene su reflejo fisiológico. Así que decidí escribirle un mail revelador.
Hoy, más sereno, he pensado que no es una buena idea. Es un acto bastante egoísta por mi parte. Sé que me aprecia mucho, incluso puede que me quiera, pero un mail así le obligaría a tomar una postura al respecto, e incluso en el mejor de los casos la situación sería insostenible. O tal vez, es que simplemente no me atrevo.
En vez de escribirle un vomit-love-mail, llevo 4 horas escribiendo esto. He soltado mucho. Creo que venía haciéndome falta.
Big Love. Take care.