Nunca me ha gustado el gore, por eso me ha gustado mucho más "Death Proof" que "Planet Terror", por eso y porque Tarantino es un genio hasta cuando mea contra el viento.No es que "Alien" sea esencialmente una película gore, no, por lo menos, en la medida en que "Braindead" (Peter Jakcson, 1992) lo es, pero no es menos cierto el hecho de que en determinados momentos Ridley Scott apueste por la pornografía de la sangre.
Yo, que la ví por primera vez a los 8 años, tengo que confesar que me cagué de miedo. Las navidades de 1987 fue el año en que el video tape recorder llegó a mi casa. Para estrenarlo, mi padre preparó una sesión doble familiar, a saber, mi padre (36), mi madre (32), yo (8) y mi hermano (5). Y como tanto la valentía de mi hermano, como la mía, era de sobra conocida por todos (todavía nos aterraban los gigantes y cabezudos), no vio mi padre ningún problema en componer el programa doble con "Tiburón" (Steven Spielberg, 1975) y "Alien" (Ridley Scott, 1979). Ninguna de los dos es de miedo, miedo, ni gore, gore, pero os puedo asegurar que quien escribe lo pasó francamente mal.
Curiosamente, yo había visto poco antes "La loca historia de las Galaxias" (Mel Brooks, 1987). En un gag que tenía lugar en una taberna espacial, uno de los parroquianos sufría una intoxicación -no recuerdo bien si con el café, con un sandwich, o con tabasco. El caso es que empieza a retorcerse de dolor hasta que un bicho repugnante atraviesa su tripa con cara de pocos amigos. Como la peli es de Brooks, de repente, el bicho se queda iluminado por un foco y empieza a cantar y bailar un número musical por toda la barra. Recuerdo que mi padre se rió y dijo algo así como:
-Es el mismo de "Alien", le vuelve a pasar lo mismo que en "Alien".
Lo que mi padre quería decir es que el parroquiano de la taberna espacial era John Hurt, el mismo John Hurt (aunque 8 años más viejo) al que yo unos meses después vería morir destrozado por un bicho que ya no cantaba y que inspiraba de todo menos ganas de reir.
Alien salía de la tripa de John Hurt, el mismo año que yo salía de la de mi madre -con mucha menos mala uva aunque, por lo que me han contado, igual de feo. 8 años más tarde yo no acababa de entender muy bien cómo era posible que a ese tipo al que ya había visto morir destripado en una peli, le volviera a pasar lo mismo.
-Qué mala suerte- pensaba yo.
Puede que incluso el primer conato de un -Hay que joderse- incipiente pasara ya por mi mente de púber.
¿A qué viene todo esto? Pues la verdad es que no es más que morralla insustancial con aires de frikismo -claramente mainstream- que he utilizado como entrada para introducir el siguiente acontecimiento, y es que la semana pasada me dijeron la cosa más bonita que me hayan dicho este año:
-Tienes algo muy grande dentro.
Siguiendo en esta línea de, sí, llamémoslo frikismo mainstream, voy a utilizar a Woody Allen para explicar por qué esa frase me llegó tanto:
En una escena de "Interiores" (Woody Allen, 1978), el personaje que interpreta Diane Keaton -una poetisa de éxito que no consigue hipersensiblizarse para crear- le comenta a su marido lo siguiente refiriéndose a su hermana pequeña:
-Es una pena, tiene toda la ansiedad necesaria para ser una artista, pero una absoluta falta de talento.
Es una frase que se me quedó grabada a fuego porque en ese momento me sentí plenamente descrito por esa sentencia. Y a día de hoy todavía me peleo con esa frase. Lo del talento ya me da más igual; he aprendido a confiar en el trabajo. Pero no por eso deja de ser un gustazo que alguien que te conoce perfectamente, lea más allá de lo que enseñas y confié aún más que tú en tus propias posibilidades.
-Tienes algo muy grande dentro.
Espero que no me haga lo que a John Hurt.

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