He desperdiciado la mayoría de los Domingos que he vivido desde los 16 años. Eso son muchos Domingos. 52 Domingos anuales por 12 años, dan -oh Dios mío- más de un año y medio echado a los perros. Estoy siendo demasiado duro... si seguimos echando cuentas también podría decir en mi favor que aproximadamente un tercio de las películas que he visto en mi vida las ví en Domingo, aunque también es cierto que las tres cuartas partes de dichas películas suman más del 90% de la toda la bazofia cinematográfica que he consumido hasta hoy (el otro 10% corresponde, sin duda, a los innumerables viajes en autobús que he hecho, de Bilbao a Logroño primero, y de Madrid a Logroño después). Desde que tenía 16 años muchos Domingos los he vivido práctimente en horizontal, y entre los 18 y los 24 prácticamente en un insano estado de convalecencia. Consecuencias de la búsqueda del placer. La vuelta a casa desde los paraísos artificiales.
Siempre los he llamado días 0.
En contraposición, hoy, también Domingo, aparece en mi historia como un día 1, un día de nuevos principios (no morales, me refiero al inicio de algo). No sólo he compuesto mi primera canción en esta segunda etapa musical mía, sino que he hecho hoy lo que podría haber hecho mañana (o incluso no haber hecho nunca), dar de alta este blog, que era algo que me venía rondando desde hace ya bastante tiempo. Y curiosamente, estas dos actividades, dos actividades que tan poco tienen que ver en principio y a las que me he dedicado hoy, Domingo, el día de la semana consagrado a la desidia, me han llevado a la misma duda existencial: ¿Qué tengo yo que decir que no se haya dicho ya de manera más interesante, exacta o artística?¿Piensa este ego mío, que me manipula y me maneja como Jose Luis Moreno a Macario, que estoy a la altura de sus pretensiones tiranas?
Tenía una serie de acordes consecutivos cuya sonoridad me gustaba desde hacía años. Hace poco, al volver a tocar la guitarra después de bastante tiempo, conseguí una cadencia atractiva. La he estado tocando estas últimas semanas, silbando encima, hasta que hoy todo ha encanjado y una melodía coherente entre sus partes ha aparecido. Ya estaba todo hecho. Ponerle letra y el primer tema de este nuevo proyecto ya estaría hecho. Ponerle letra y "pa lante". Eso. Ponerle letra... Coño, pues no era nada fácil. Y es que qué tengo yo que decir. Nada iba más allá del "cuando vengas ya no estaré allí", "sabes que no hay nada que hacer" y absurdeces similares. Algo tan poderoso como una canción y la llenas de subproducto prefabricado. El peso de la tradición. Las canciones suelen hablar de amor (en sus múltiples variantes: eufórico, despechado, abrasador o trasnochado, entre otras), pero Fernando Alfaro ha hablado del dolor y la muerte, y J de que el mundo de hoy tiene sus culpables (con nombre y apellidos), y Vanexxa abre su corazón de mujer a dentelladas. ¿De qué voy a hablar yo? Al final, tras decidir que esta iba a ser un alegato en favor de la honestidad vital, un escupitajo a la cara de ese cinismo omnipresente que nos protege y nos ahoga emocionalmente he conseguido hilar algunas líneas (dos exactamente) que han conseguido que no me sintiera estúpido.
Y lo mismo me ha pasado cuando, después del 3er paso en la configuración del blog, he llegado al editor y me he encontrado con distintos campos de texto vacíos que había que llenar, a poder ser, de material interesante y no redundante. Mi primera reacción ha sido apagar el ordenador. Mi segundo acercamiento ha desembocado en ese ignominioso texto de entrada "... o con nesquick" fruto de un ataque de inseguridad rayando en el pánico y que cambiaré más adelante. He vuelto a apagar el ordenador. He visto un capítulo de "Sexo en Nueva York". Mientras Carrie Bradshow sufría su particular ataque de inseguridad frente a Natasha, yo he encontrado un hilo conductor para el primer post (eso del día 0 y el día 100 y todos los Domingos que he perdido en la vida) y sin pensarlo demasiado me he puesto a escribir. Es posible que a estas alturas haya perdido el hilo (estoy muy desentrenado en esto de la escritura), o que haya sonado muy pedante (suelo intentar sonar más listo de lo que realmente soy, defecto de fábrica) pero me siento contento de que, finalmente, me importe tres cojones lo que vaya a decir. No lo voy a pensar mucho. Va a ir sobre la marcha. Sólo voy a exigirme ser honesto, sobre todo conmigo mismo.
Esto, este blog, va a ser un sitio desde donde voy a gritar. Y el eco es cosa vuestra.
domingo, abril 22, 2007
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