Agosto es igual para todos. Para los que trabajamos bajo el calor -supuesto calor el de este año- del mes más cálido del calendario, también. Es por eso que el ritmo de posteo ha decelerado. Por eso y porque desde que volví de Cuba no tengo claridad ni lucidez de pensamiento. Me desenvuelvo en un magma de ideas abocetadas con poca capacidad de profundizar.
Así que considerándolo seriamente, y ante la nefasta posibilidad de perder a mis escasísimos lectores -muchísimas gracias Anita por el apoyo constante- me he decidido a compartir mi nada con todos vosotros. Aquí os dejo un ejercicio de estilo vacuo y vacío. Como un disco publicado en la década posterior a la década en que el artista disfrutó de gloria.
En Agosto he seguido masticando Cuba (todavía sigo, con la entrevista de Ignacio Ramonet a Fidel, con los diarios del Che, con el documental Comandante de Oliver Stone, la biografía de José Martí...) que no puedo quitármela de la cabeza. La visión de mi mundo -primer mundo lo llaman- se ha oscurecido. No es que antes no fuera consciente de las desigualdades y del canibalismo capitalista, pero es que ahora no podría perdonarme mirar para otro lado. Se impone la acción. Aunque no sé como. De momento me declaro en huelga de consumo.
Y seamos prácticos, si la huelga de consumo consigue liberarme de las esclavitudes capitalistas (Dios... hablo como un utópico) veré como en poco tiempo mis recursos económicos se amontonan en mi cuenta naranja, me veré nadando en la abundancia, como una suerte de Tío Gilito con bigote en vez de pico. Y qué hacer entonces. Cómo dar salida a semejante cifra de ceros a la derecha. Mejor, cómo rebelarse dentro del sistema y aprovecharse de ese mismo sistema en beneficio propio (lo siento, sigo siendo un individualista a ultranza).
Y ahí es cuando llega algo que me da vueltas desde que una amiga dejó su tienda de vasos y a su novio para dar la vuelta al mundo. Mi next big thing. Dejarlo todo y viajar durante un año. En eso estamos, en diseñarme un nuevo sistema de existencia monacal -aunque feliz, no perdamos la ilusión- que me permita dar la vuelta al mundo dentro de 10-12 meses.
¿Es una idea feliz que se vendrá abajo en cuanto un día no me apetezca cocinarme un puré de calabaza y desee como un loco atiborrarme de sushi en mi restaurante japonés favorito? ¿Acaso el Otto hippy, acuarísimo e ingenuo, auspiciado por Marte al entrar en la casa de Saturno, está tomando las riendas aburrido de no desaparecer por completo y le hace la guerra (esquizofrénica) y no el amor (coherente) al Otto burgués? ¿O quizá el Otto burgués se descojona mientras, condescendiente, permite a su némesis creer que es alguien?
De momento la idea del monje feliz ilusiona a Otto. Y eso, muy probablemente, es porque, de momento, no deja de ser algo que sucede en el plano de lo ideal. Un bonito bodegón.
Y sigue La gran aventura.
domingo, agosto 26, 2007
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

1 comentario:
Sigo por aqui!!
Para dar la vuelta al mundo solo necesitas 2.000 euros (o incluso menos) para un billete. Creo que son 5 ó 6 paradas, si eliges paises baratos, no gastarás mucho en alojamiento y comida.
Pregunta a ese joven que vive en Londres (y Hong Kong y L.A.).
Besetes
ASM
Publicar un comentario