¿El motivo de su traición? Steve Rogers -el rubio americano de grandes ideales tras la máscara- se había opuesto a una ley antiterrorista promulgada por el gobierno tras los atentados del 11-s por considerarla una afrenta a los derechos civiles. Esta ley obligaba a todas aquellas personas con superpoderes a inscribirse en un registro policial con el fin de poner sus "dones" al servicio de América. ¿Os suena de algo?En este estado de cosas, Los Vengadores (el grupo de valentones/as con las mallas muy prietas y coloridas al que pertenece el Capitán América), se han dividido en dos facciones, una a favor -liderada por Tony Stark (el Hombre de Hierro) que es el perfecto ejemplo de hombre de derechas: dueño archimillonario de una empresa armamentística (industrias Stark), con un pasado alcohólico y bigote- y otra en contra con el capi al frente.
Lo que más me sorprendió de todo esto es que Marvel, que nunca se ha distinguido por ser una empresa crítica con el americanismo más recalcitrante, tomara partido de una manera tan clara, y que para ello utilizara -y sacrificara- a un personaje con el poder simbólico del Capitán América. Todo esto me lleva a pensar que no todo está perdido, que si Marvel se atreve a crear un mártir desde dentro del sistema, una "América" que muere por salvar "América", entonces hay que hacer diferencias entre el Imprerio y la nación que gobierna.
Siguiendo con este hilo argumental, no hay que perder de vista que en la producción cultural norteamericana, sorprendentemente, hay un mayor contenido autocrítico que en la europea, mucho más hedonista y autocomplaciente que la estadounidense. Norman Mailer, Jack Kerouac, Elia Kazan, Todd Solondz son sólo algunos ejemplos que se me ocurren sobre la marcha. No en vano la contracultura nació allí. Los beatniks primero, y los hippies después fueron el reflejo de la distancia que comenzaba a existir entre el Imperio y el País. Los valores fundacionales de Estados Unidos fueron en su momento los más avanzados de la política occidental, pero hoy en día parecen absolutamente instrumentalizados y corrompidos por una lectura hipócrita y maniqueísta de los mismos por parte del Imperio.
Así que fieles a la épica nacional, basada en la trascendencia -incluso la excelencia- del sacrificio individual en favor del ideal de nación, por muy subjetivo y personal que este sea, Marvel se ha cargado al Capitán América, asesinado por defender su ideal libertario de nación. En la última viñeta del nº 25 de su colección, las barras y estrellas del famoso traje azul, blanco y rojo aparecen salpicadas de sangre.
¡Ta chaaan! (Fundido a negro).
