domingo, mayo 20, 2007

El mundo es implacable

En una tipología humana planetaria el mundo bien podría dividirse entre infalibles y asumidores.

Los infalibles presumen de una lucidez que les eleva por encima del común de los mortales -a los que miran con profundo paternalismo- y sienten la necesidad, quizá la obligación moral, de imponer sus criterios de claridad meridiana en favor del bien común. Su palabra es dogma y el tirano humanista su modelo.

Los ausmidores asumen, no la infalibilidad del infalible, sino la asumción de su propio carácter asumidor.

La infalibilidad no viene definida por la capacidad intelectual. Es más bien algo escrito en el código genético. Si el infalible posee una deslumbrante inteligencia posiblemente acabe siendo el líder de una secta con fines lucrativos o el presidente de la ONU, dependiendo de si en su caso la infalibilidad viene acompañada de moralidad o no.

Si hablamos ya de inteligencias comunes, capacidades intelectuales que permitan hilar frases de más de 5 palabras, algunas de ellas compuestas, y hacer que parezcan ideas, entonces, este infalible podría perfectamente ser el líder de la opción conservadora de cualquier país occidental. Aquí en España, el líder de la derecha ha alcanzado ese puesto con un excelente umbral léxico de 15 palabras por frase, aunque en el apartado sustancial, este se reduce a una idea por mitin.

Un infalible cortito siempre será un inadaptado social.

En el caso de los asumidores pasa lo mismo. La asumción viene de serie. Un asumidor inteligente puede ser capaz de escapar de un infalible. Sólo tendrá que decir lo que el infalible quiere oír, mejor aún si aquello que dice subraya la infalibilidad del inflalible. La vanidad es una característica definitoria del infalible.

Un asumidor con una capacidad intelectual común a la media, sufrirá lo indecible discutiendo con un infalible. El asumidor argumenta fiel a sí mismo y a su propia percepción de la realidad. No es todavía lo suficientemente avanzado como para entender la honestidad correctamente, esto es, como una cualidad íntima y personal cuyo único juez es el individuo mismo; para ellos, la honestidad va ligada al honor, y este sólo se define ante terceros. En estos enfrentamientos -los más habituales- el infalible suele moverse en círculos retóricos que van aumentando o disminuyendo de diámetro dependiendo de el cariz de la discusión. Si se impone, sus círculos retóricos serán amplios e incluso elegantes. Si en cambio se siente acorralado en la discusión, estos círculos tendrán un recorrido argumental cada vez más corto. En el momento en que este círculo se convierte en un pequeño puntito el infalible lanza su aguijón y pincha como un escorpión.

Un asumidor cortito siempre será una buena persona.

Infalibles y asumidores se reparten entre los distintos estratos sociales y económicos. Los primeros ostentan, por su propia idiosincrasia, los cargos de poder, mientras que los segundos asumen, frustrados, que no hay nada que ellos puedan hacer para conseguir que un infalible se cuestione su propia infalibilidad.

En este estado de cosas no queda sino decir que el mundo es implacable.

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