sábado, junio 30, 2007

Cariño, la cámara te ama.

Que a mi queridísima amiga -llamémosle Lady Llopis- la cámara le ama es algo que yo ya sabía hace mucho tiempo. Durante los 3 años que vivimos juntos no hice sino constatar ese hecho. Para muestra un botón.

O dos.

Ahora ya es algo que también sabe La 2, y que pronto sabrán sus inteligentes aunque escasos espectadores. Lady Llopis presentará los viernes por la tarde de este verano Mucho Viaje, el nuevo programa de viajes de La 2.

A veces, esta chica, hace magia. No os la perdáis.

martes, junio 26, 2007

El mito prometéico

Os paso un link interesantísimo sobre el futuro inmediato de los mass media y el papel que internet va a jugar en él.

Prometeus: la revolución de los medios

fuente: Llámame Lola

lunes, junio 25, 2007

Bonobobismo

El chimpancé bonobo, pan paniscus o pan satyrus, también llamado chimpancé pigmeo o enano, el mono hippie, es la criatura viva más feliz sobre La Tierra.

El hombre, el chimpancé común, y el bonobo tenemos una línea evolutiva común de la que el homo sapiens se separa hace unos 6 millones de años. La diferenciación entre el chimpancé común y el bonobo se produce cuando, hace menos de un millón de años, la especie queda dividida en dos a ambas orillas del río Congo. El bonobo en la selva, al sur, y el chimpancé en la sabana, al norte. Estas dos especies son los parientes vivos más cercanos del hombre, con los que comparte más de un 99% de su ADN (alrededor del 99,4%).

El bonobo, a diferencia de sus primos chimpancés, tienen la cara negra, los labios rosados, las piernas más largas -lo que los hace más gráciles y elegantes- y lucen un espectacular corte de pelo con raya en medio.

Pero lo que hace al bonobo especial, lo que lo diferencia abismalmente del hombre y del chimpancé, es su envidiable way of life.

El bonobo tiene sexo a todas las horas del día, de todas las maneras posibles, con todos los componentes de su comunidad -familiares incluidos- independientemente de su sexo o edad. El sexo es la piedra angular de su comportamiento social. No sólo proporciona goce y favorece los vínculos entre los individuos, sino que se utiliza como saludo, como método de resolución de conflictos, reduce la excitación de la comunidad al encontrar una fuente de comida (antes de comer todos entran en una frenética actividad sexual) permitiendo un acceso a la alimentación ordenado e igualitario, y se instrumentaliza como moneda de cambio en la obtención de favores.

Los bonobos no le hacen ascos a nada. En este orden: frotamientos vaginales hembra-hembra (cara a cara), coito macho-hembra (cara a cara), frotamientos escrotales macho-macho (culo a culo), frotamientos de pene macho-macho (se cuelgan de un árbol y boca a bajo se frotan las pollas, como en la guerra de las galaxias), besos con lengua y sexo oral. En ocasiones, una comunidad de bonobos se encuentra con otra comunidad vecina, y lejos de entrar en conflictos territoriales, se saludan celebrando una orgía.

La clave es la siguiente: el bonobo filtra toda su agresividad mediante una actividad sexual constante. Un ejemplo: una bonoba está tranquila en una rama. Un joven bonobo (tan joven como para no haber aprendido todavía las artes de la seducción) se acerca y le cierra el paso. La bonoba se pone nerviosa y aparta al joven bonobo, que tropieza y cae quedando colgado de la rama. La bonoba abre la boca y enseña los dientes, parece furiosa. Pero sorprendentemente y casi de inmediato cambia de actitud: se agacha y frota su vagina en la mano del joven bonobo. El joven bonobo se balancea tranquilo y feliz.

Los bonobos hacen el amor y no la guerra.

Su primo, el chimpancé común, es muy territorial, los machos de una comunidad compiten entre ellos por la posesión de las hembras y por el acceso a la comida. Son habituales los momentos de locura transitoria de los machos en los cuales arrancan árboles y levantan enormes piedras para demostrar su fuerza y su hombría. Su organización social es absolutamente jerárquica; el macho alfa gobierna y la dominación es su razón de ser. Los chimpancés comunes son altamente irritables. Los chimpancés comunes matan a otros chimpancés comunes. Y se los comen. Se sabe que, alrededor de la década de los 30, hubo una guerra por el territorio entre los chimpancés del Congo: salían en grupo a patrullar en busca de otros chimpancés para aniquilarlos. El nombre científico del chimpancé común es pan troglodytes. El chimpancé común folla bastante poco. Y no es que lo suponga, es que es un hecho.

Los bonobos, en cambio, viven en armonía. Su organización social es igualitaria y se basa en la cooperación. Aunque el macho es más grande y más fuerte, su sociedad es un matriarcado cuyo líder no es un sólo individuo, sino todas ellas, como aliadas, hermanadas por contínuos actos de afecto que fortalecen sus vínculos. Cuando van a comer, después de haberse relajado, los machos dejan los mejores sitios a las hembras que reparten la comida. No se conoce ningún caso en que un bonobo haya matado a otro bonobo.

A los bonobos se les atribuye las siguientes emociones: compasión, altruismo, empatía, amabilidad, paciencia y sensibilidad. Si colocas un espejo frente a un bonobo, éste reconocerá su reflejo; es consciente de que existe.

Los bonobos silban.

En la comprensión de la carrera evolutiva del hombre el primer primate que se tuvo en cuenta como modelo de un ancestro común bajado de los árboles fue el babuíno. No es hasta los años 70 cuando el chimpancé es comunmente aceptado como nuestro pariente más cercano. Los estudios con chimpancés habían descubierto cualidades superiores en estos simios -características del homo sapiens-, tales como la cooperación en la caza, el reparto de la comida, el uso de herramientas, y primitivas formas de organización social y política, de guerra y de lenguaje. Los primeros estudios con bonobos son de los años 80 y sus conclusiones sorprendieron a la comunidad científica por la ausencia de agresividad en la especie y la importancia del sexo en su comportamiento social.

Desde mi punto de vista, el chimpancé común y el bonobo polarizan el pasado evolutivo del ser humano. Ambas especies explican realidades humanas opuestas.

Aunque cualquier evolucionista me diría que soy un ignorante, podría decir, con un escaso margen de error, quién viene de qué mono. Bush es claramente un chimpancé -incluso en su evolucionada configuración celular humana- y yo, puestos a elegir me declaro bonobobista.

Una cita del manifiesto bonobobista:
"Que el chimpancé es territorio y el bonobo tan sólo tiempo.
El bonobo nunca es yo, es siempre ahora."

Bonobobísimos.


Bonobo Sex and Society
de Frans B. M. de Waal (inglés)
Apadrina un bonobo (inglés)
Bonobo Rey
en Vamonoh pa' lo oscurito

miércoles, junio 20, 2007

La esencia de la publicidad

Puedo asegurar que el producto funciona.


La foto es de un blog que empieza a gustarme.
Gracias Minah.

Dos pares de cuatro ojos

Este post iba a ser de ayer. Pero mientras lo preparaba, me llamaron de Madrid, del IVIMA, el Instituto de Vivienda para decirme que soy el titular de un piso de protección oficial en La Ventilla. Que me ha tocado un piso, vamos. Bueno, todavía tengo que pagarlo, pero parece que podré hacerlo, que es algo con lo que no contaba hasta pasados los 40.

Con la emoción, la operación, etc. pues nada, que fui incapaz de acabar el post. Por cierto, muchísimas gracias doña Esperancita, aunque esto no cambia nada. No pienso votarle.

Simplemente quería despedirme de mi cuatroojismo reivindicando las figuras de cuatro gafotas que son algo más que algo para mi.


A tres los conocéis seguro. El de abajo a la izquierda es Tibor Kalman, todo un referente profesional. Woody Allen es mi alter ego o viceversa, John Lennon encarna mi idea del bien absoluto y Alex de la Iglesia, bueno, de Alex diré que me gustan sus películas, algunas mucho.

martes, junio 19, 2007

El adiós de Clark Kent


Después de muchos muchos años (18), mi historia de amor, mejor dicho, de dependencia absoluta con el objeto de arriba, llega a su fin.

Dentro de 4 horas y 40 minutos, tecnología láser puntera tallará unas lentillas en el cristalino bajo mi córnea. Viva la biónica.

Así que dejo de ser Clark Kent y paso a un estado continuo de supermanismo, bueno de manismo a secas. Pero de manismo sin taras.

Los que me conocen, mis compañeros de trabajo sobre todo, están asustados porque tienen miedo de no acostumbrarse al Otto post Kent. Creo que ellos lo han visto siempre como un signo de identidad, uno de esos complementos que usamos para gritar al mundo lo qué y quiénes somos. Puedo asegurar que llevar durante 4 años gafas de pasta negra, y trabajar en lo que trabajo, te define aunque no quieras. Y no, hijos míos, para mi las gafas siempre han sido una muleta. Así que os podéis imaginar lo contento que estoy de poder volver a andar, digo a ver.

Ahora una pequeña historia que os hará una idea de por qué me alegro tanto de quitarme las gafas:

En el instituto jugaba al Volleyball. Dada mi estatura mi puesto en el equipo era colocador (el que le pone el balón a huevo al rematador para que lo reviente contra el suelo del contrario). Era la final de un torneo, quinto set, bola de partido. Tras un tenso y corto peloteo, de repente el balón quedó flotando sobre la red. El tiempo se detuvo. Nadie de mi equipo podía llegar a ese balón. Sólo yo. Cómo os decía, yo no solía rematar pero aquello era un momento decisivo. El momento decisivo. Esos momentos que en ciertas películas de los 80 pasan a cámara lenta.

Así que salté, a cámara lenta, arriba, arriba como nunca lo había hecho, giré elegantemente en el aire -los colocadores estamos de espaldas a la red-, y levanté mi brazo derecho, también a cámara lenta. Parecía que no iba a llegar al balón, pero lo hice. Lo rocé con las llemas de los dedos. Éste no debió sentir todo el impulso que le quería transmitir y simplemente cambió de trayectoria. Una trayectoria directa a mi jeta. El balón me golpeó, yo, desequilibrado, caí al suelo y cuando aterricé las gafas habían tomado una posición ridícula en mi cara (torcidas, un cristal sobre un ojo, el otro sobre la ceja, patilla izquierda tras la oreja izquierda y patilla derecha sobre oreja derecha, doblándola). Además el balón -que no había pasado la red- ya rendido, cayó sobre mi cabeza como última broma humillante. Una auténtica imagen épica de victoria, ¿no creeis?. Perdimos aquel punto y yo la diginidad, pero finalmente ganamos el partido y la única competición deportiva que he ganado en mi vida.

Y para acabar dos reseñas bíblicas, que aunque soy ateo, mi educación fue católica apostólica y romana y, hasta que llegaron las pajas, fui el niño más beato, repugnante y repipi que os podáis imaginar.

"Lázaro levántate y anda"
Evangelio según San Juan 11, 38.

"Era ciego y ahora veo"
Evangelio según San Juan 9, 25.

Os "veo" en cuanto pueda volver a encender el ordenador.

sábado, junio 16, 2007

La carta que no enviaré.

Ray Loriga decía que puedes huir de una mujer o correr hacia una mujer, pero que nunca puedes ir sin una mujer en la cabeza. 10 años después de leer aquello, el tiempo ha situado aquella frase en una dimensión casi profética.

Llegó el momento de hablar de la mujer que vive ahora en mi cabeza.

No sé muy bien como empezar. La llamaré Linda Fairytale. La conocí hace 2 años, en Barcelona, en el Primavera Sound de aquel año. Creo que acababan de tocar Mäximo Park, y Arcade Fire se preparaban en el escenario. Yo empecé a hablar con su amiga, a la que voy a llamar Lady D.B. Eyes.

-We come from Australia- dijo.

Yo debía de estar sembrado y me marqué un speech -luego ellas me lo dijeron- sobre España y Franco y la transición y yo que sé que más. Politics guy me bautizaron. Aquella noche las perdí y me dediqué al hedonismo, o al anti-yoga tal y como lo llama Nacho Cano.

La noche siguiente me las encontré en primera fila del concierto de Sons and Daughters (bueno nos las encontramos, porque estaba con mi gran gran amigo Vilón Galactic -titi, te debo un post enterito- y su chica). Una peculiar pareja: Linda, alta, sonriente, habladora; Lady D.B. Eyes, pequeñita, más reservada, pero con unos ojos de mirada intensa que no perdían detalle de nada. Aquella noche, nos hicimos todos amigos. Y también la noche siguiente.

A mi me gustaba Lady D.B. Eyes. Su mirada era capaz de atravesarme el cráneo. Nadie me había mirado así antes. Nunca sabré si es que me miraba a mí, o es que la noche le confundía. He estado con ella un par de veces después, en Londres y en Madrid y ya no miraba igual, así que voy a decantarme por la segunda hipótesis.

De Linda recuerdo que me reí mucho con ella. Fue dulce y divertida. En ningún momento me planteé nada con ella. Desde que la conocí, siempre he pensado que era demasiado alta para mí. Casi me saca una cabeza. Aunque eso no es muy difícil, todo hay que decirlo.

Acabó el festival. El Domingo fue un evidente, claro e ineludible día 0. Aunque ese mismo día volvía a Madrid por la noche, el Lunes yo me fui a Rosas con mi amigo Johnny Machine, a ver a nuestro colega, el Marqués de Ripa, que empezaba como jefe de cocina en un restaurante en la playa. Las llamé para invitarles a venir y aceptaron. Fue un gran día: hubo sol y lluvia y comida junto a la playa y mar y mucha conversación feliz de ser compartida. Volvimos a Barcelona y nos despedimos efusivamente prometiéndonos fervientemente be in touch.

Y eso fue lo que hicimos. Sorprendentemente. Durante los siguientes meses empezamos a enviarnos mails y algún que otro SMS con cierta asiduidad. A mi me sorprendió la buena impresión que había causado en ellas, porque no dejaban de decirme lo estupendo que era, que había sido wondrfulísimo conocernos y que teníamos que volver a vernos. En sus mensajes había mucho amor, del bueno, del limpio, y a mí eso me encantó. Los mensajes de ambas eran así, pero Linda lo llenaba todo de una ternura que me desmontaba.

Cuando fui a Londres en Noviembre todo quedó claro para mi: era Linda y no Lady D.B. Eyes the one who touched me deep inside. Para ser fiel a la verdad lo cierto es que no fui allí al 100%, estaba pasando una mala racha: crisis de identidad, la autoestima por los suelos, etc. Pero aquellos días con Linda fueron fantásticos. Me dejó acercarme y lo que ví me encandiló.

Tras esa apariencia de tía enrollada, había una persona inteligente y extremadamente sensible, con una vida interior muy rica. Tenía un golpe ganador y era esa combinación de fuerza y coraje por un lado, y una tiernísima vulnerabilidad por otro. Compartí su habitación 6 días en un pequeño piso junto a Marble Arch. Ella trabajaba pero estuvo pendiente de mi en todo momento. Me trató muy bien. Hablamos de todo, de libros, de música, de arte, de nosotros, de nuestras relaciones, de nuestros futuros inmediatos y nuestras aspiraciones. Y en cierta medida me vi reflejado en ella. Compartíamos una manera similar de ver el mundo. No hay mucha gente con la que sienta semejante empatía, menos aún que la sienta en tan poco tiempo, y el número se reduce a uno si tenemos en cuenta que nuestras conversaciones eran en inglés, un idioma en el que me defiendo, pero que estoy lejos de dominar.

Y volví a Madrid. Quizá no enamorado -ese es un estado al que he tardado un año más en llegar-, pero sí conmovido, sintiéndome muy cercano, sabiendo que había conocido a alguien importante y que quería mantener cerca de mi. Ella pasó el invierno en los Alpes franceses, trabajando y haciendo snowboard. Conoció a un francés y se enamoró. Cuando acabó la temporada, al principio de la Primavera -debía de ser Mayo- ella volvía a Australia y se llevaba a su chico. Lo del chico estaba bien para mi, Linda era una amiga y me alegraba por ella si era feliz. Lo de Australia, me gustaba menos. Pese a que en 1 año, sólo habíamos pasado 10 días juntos, y que nuestra relación se basaba única y exclusivamente en mails quincenales, el que se fuera a Australia a mi me sonaba como algo irreversible. Fue la primera vez que la eché de menos.

Sabiendo que se iba al otro lado del mundo le invité a conocer Madrid antes de volver a Australia. Ella hizo sus planes y consiguió encajar una semana en Madrid en su agenda. Quería devolverle todo el afecto y la atención que me había dado en Londres. Yo trabajaba y no pude ir a buscarla al aeropuerto. La recogí en la Plaza de Chueca. Ella leía sentada en un banco. Tenía el brazo derecho escayolado. Se había roto la muñeca en la nieve.

Ya la primera noche fue especial. Después de ir a casa, dejar los bártulos, y dejarnos caer por una terraza del barrio, tras unas cuantas cañas nos emocionamos y nos abrazamos porque estábamos realmente contentos de estar juntos. Creo que ese fue el primer momento en que pensé en besarla. Pero tenía novio. No era el momento.

Se quedó 5 días. Además el fin de semana vino Lady D.B. Eyes desde Londres para acabar de hacer perfecto el reencuentro. Los tres de parranda por Madrid. Las llevé a la Latina y fueron conquistadas, sin oponer resistencia alguna, por el sol, las cañas y las olivas. Aquel fue un gran día. Acabamos en mi casa, ciegos como perras, bailando a Elvis y saltando encima del sofá-cama. Saltamos tanto que rompimos una lama del somier.

Esta foto es de ese fin de semana. Acabábamos de recoger a Lady D.B. Eyes del aeropuerto y estábamos tomándonos un vino en la azotea de mi casa.

En castellano existe una sutil diferencia entre ser guapa y ser bella. La belleza de una mujer guapa se explica matemáticamente, es una cuestión de proporción y geometría. Mientras que la belleza de una mujer bella es puramente metafísica, la belleza de sus facciones responde a la belleza de su alma. Linda pertenece a esta segunda categoría.

Y se fue a Australia. No he vuelto a verla desde entonces y ha pasado ya más de 1 año. Hemos seguido escribiéndonos y los mails han ido poco a poco ganando intensidad. Soy consciente de que escribiendo mails a medio mundo de distancia, con una limitadísima posibilidad de volver a verse, las palabras adquieran un peso que posiblemente no tengan. El hecho de que en inglés se cierre una carta con "big love" o "love u" o cosas por el estilo tampoco ayuda.

Se acordó de mi cumpleaños y creo que sólo le dije la fecha un día en Londres y de pasada. Aquello me emocionó. Yo me acordé del suyo, y con Lady D.B. Eyes de cómplice, le mandé flores. Una noche en febrero, después de una juerga en Vitoria, sentí la necesidad de compartir mi euforia con ella y antes de dormir le envié algo así como nueve mensajes concatenados. Dijo que había sentido mucho amor. And so on, so on, so on.

El caso es que durante este último año la he sentido muy cerca y la he echado realmente de menos. Tanto amor compartido y enviado, tanto apoyo incondicional, tantas confesiones íntimas han acabado por hacerme proyectar mis carencias afectivas en una mujer que es real y virtual a un tiempo.

Ha habido conatos de encuentro que han acabado en aguas de borraja. Yo estuve a punto de irme a Sydney a descubrir lo que sentía, pero no pudo ser. Nos íbamos a ir de vacaciones este año a Tailandia, pero no ha podido ser. Ella iba a venir el año que viene a España a trabajar, pero es complicadísimo, y no va a poder ser (incluso le ofrecí casarse conmigo por los papeles).

Por lo que sé su regreso a Sydney no ha sido lo que esperaba, ha pasado un mal año y se ha propuesto volver a viajar el año que viene. A día de hoy (y digo esto porque puede no ser lo mismo que a día de mañana) parece que a principios del año que viene se va a establecer primero en Francia, donde sí puede trabajar, para luego dar el salto a Sudamérica.

Para mí Francia está bien. Necesito poder acercarme a verla y tener una conversación. La conversación, creo. No puedeo ofrecerle nada, porque ni siquiera sé si estoy realmente enamorado, no estoy seguro de que todo esto no sea una ficción de amor más, a las cuales parece que estoy abonado, una vuelta de tuerca más de mi bodegonismo particular. Lo que quiero poder decirle, más allá de todas estas pajas mentales, es que desde hace tiempo no voy al cine, ni a un concierto, ni a un museo sin pensar en compartirlo con ella, que el hueco a mi izquierda que hay en mi cama tiene cada vez más su forma, y que, teniendo en cuenta que la potencialidad también es una forma de energía, la nuestra, la potencialidad de lo que pudiera pasar entre nosotros es equivalente al Enola Gay sobre Hiroshima.

Ayer fue la primera vez que todo esto se convirtió en algo físico. Había visto una peli argentina, no muy buena, todo hay que decirlo, pero lo suficientemente argentina como para que me emocionara. Ricardo Darín no dejaba de mostrarme que el corazón es el camino. Me costó dormirme. Empecé a fantasear, a imaginarme con ella. Se me encogió el estómago y se me aceleró el corazón. Hasta ahora no había sido más que una fantasía, pero ahora la fantasía tiene su reflejo fisiológico. Así que decidí escribirle un mail revelador.

Hoy, más sereno, he pensado que no es una buena idea. Es un acto bastante egoísta por mi parte. Sé que me aprecia mucho, incluso puede que me quiera, pero un mail así le obligaría a tomar una postura al respecto, e incluso en el mejor de los casos la situación sería insostenible. O tal vez, es que simplemente no me atrevo.

En vez de escribirle un vomit-love-mail, llevo 4 horas escribiendo esto. He soltado mucho. Creo que venía haciéndome falta.

Big Love. Take care.

sábado, junio 09, 2007

Conectado a la ciudad

La sesión doble se ha convertido en matinal. El verano acaba de empezar y un Viernes por la tarde Madrid se ve asaltado por hordas de terraceros y chicas en tirantes. Quién puede resistirse a eso. Nadie. Ayer, no tuve otro remedio que aplazar mi cita conmigo mismo frente al ordenador, ya que me fue imposible rehusar las proposiciones de No, el niño ensortijado primero y de Melchor Supremo después.

Y es que vivir en Madrid es un idilio contínuo, una relación a largo plazo con sus altibajos y sus peleas y, por supuesto, también las maravillosas reconciliaciones. Así llevo 5 años y medio. Ha habido numerosos conatos de infidelidad por mi parte pero todavía no he sido capaz de dejarla.

Conozco otras capitales europeas pero en ninguna sientes lo que se siente aquí. Eres de Madrí desde el primer día que llegas. La muy coqueta te engatusa con sus malas artes y te hace sentir cómodo en una ciudad frenética, caótica, competitiva, sucia, contaminada y sin puntos de fuga.

Lo primero que eché en falta al mudarme desde Bilbao, fueron los grandes espacios, la relación contínua con el entorno natural más cercano. Desde prácticamente cualquier punto podías ver verde, monte, algo, referencias y evidencias de que aquello no era una urbe sobre una roca flotante. Madrid podría serlo perfectamente. Madrid podría ser todo el mundo conocido. Las únicas referencias que tienes en Madrid, es el Madrid de más allá. Madrid es una ciudad retorcida sobre sí misma en la que tu visión no alcanza un punto, sino que choca contra él. Como decía, en Madrid no hay puntos de fuga.

En espacios como éste la neurosis florece como los almendros en primavera. Y una de las características de esta neurosis urbanita, la más característica quizá, es que es una neurosis amada. En Madrid, como lo he visto en París, en Londres, y sobre todo en Nueva York, somos auténticos yonquis de la ansiedad. El capitalismo se apoya en una constante generación de deseo que nos induce a la compra indiscriminada. Esta jamás nos satisfará y así quedamos anclados en una espiral de ansiedad. En este contexto las grandes capitales aparecen como aquellos templos donde se consagra y se celebra la mística del ritual. Precisamente de ahí viene el nombre capitalismo, de capitales.

Hasta nuestro tiempo libre es fuente de angustia existencial porque hay que llenarlo y la oferta es infinita. En una ciudad como Madrid, las distancias entre los puntos hacen de tu tiempo un recortable infantil, algo siniestro y caprichoso. Los ritmos de la ciudad provocan que te quedes calvo, que las fibras musculares de tu trapecio se contraigan hasta adquirir la dureza del diamante, y sin embargo, la inercia adquiere tal fuerza de empuje que nos arrastra a todos a la sublimación de nuestra energía vital.

Pese a todo es una ciudad cruel, como todas las grandes ciudades. Necesitas una fortaleza interior considerable para desenvolverte en este caos. Un momento de flaqueza y la ciudad te devora el alma. Sin contemplaciones ni miramientos. Es así.

Yo soy un afortunado. Vivo en el centro, mi trabajo queda a siete minutos de casa y me muevo en moto, por lo que el tráfico y el aparcamiento no es un problema. Diría que tengo lo mejor de la ciudad sin lo peor de la ciudad. Moverse a pecho descubierto, sentir el aire en la cara, que Madrid pase delante de tus ojos a 60 por hora, es algo que a veces se convierte en una experiencia religiosa.

Además, si vives en el centro, no vives en una gran ciudad, sino en un pueblito grande donde la gente se habla desde la calle a los balcones. Es un lugar con encanto. Yo adoro mi barrio. Vivo en Chueca. Es un lugar en el que el sexo se respira, en el que el deseo se comparte por osmosis. Algo tan mundano como ir a la compra suele convertirse en un flirteo indiscriminado donde las miradas no te ven, sino que te lamen. La energía sexual de mi barrio podría iluminar África una década. Y eso a mí, que soy un poco puta, me encanta.

Toda esta semana me he sentido conectado a la ciudad, he sentido una especie de comunión con ella. Respiraba con ella, me movía a su ritmo pero con armonía. Es una sensación indescriptible, eufórica a la vez que serena, epidérmica y muy plena. No deja de ser algo un tanto místico y por lo tanto difícilmente verbalizable. Sonará mañido pero me sentía uno con ella. Sin darme cuenta voy echando raíces y aunque no quiera Madrid se ha convertido en un futuro muy posible.

Mamá, lo siento, pero no creo que vuelva.

viernes, junio 08, 2007

Primavera Sound, Suecia y es maravilloso estar vivo.

Lo sé, lo sé, este post llega con retraso. Si os vale de algo, os diré que en su momento lo intenté. Al volver de Barcelona intenté llenar unas pocas líneas, pero os aseguro que estaba al límite de mis fuerzas. Por lo menos el título es el mismo que puse aquella vez, aunque lo cierto es que con una semana de distancia la euforia se me queda un poco alejada.

Anyway y a toda leche que hoy hay sesión doble.

El Primavera Sound: a la altura de las expectativas, que ya de por sí siempre son altas. En mi quinto año de asistencia vuelvo a aplaudir la impresionante reunión de talento musical, pero no así a la organización, que se ha pasado al lado oscuro y se le ha visto el plumero quedando como unos sucios sacacuartos. Han recortado en todo, y se ha notado. Estrella Damm -los culpables-, por lo menos un 0'7 de lo que nos habéis estafado haced que sirva para algo.

Mi podio quedaría tal que así:

Como vencedor indiscutible de esta edición: Dj Yoda. Que yo, que pienso que la guitarra eléctrica es al siglo XX -y apostaría que al XXI-, lo que el mármol de carrara al Cinquecento, diga que lo que más me ha gustado de un festival ha sido un Dj, eso es que ha sido mucho Dj. Este británico sin pinta de hooligan, aunque con una imborrable sonrisa maliciosa en la cara, hizo una desquiciada relectura de toda la historia de la música popular, Jamaica incluída, a una velocidad de vértigo. La cantidad de ideas por minuto era abrumadora, tanto, que llega un punto en el que ya no bailas y sólo buscas miradas de complicidad que te aseguren que lo que estás oyendo está pasando de verdad.

Empatados en el segundo lugar: Patti Smith, Wilco y Band of Horses. Patti Smith dio lo que es, una dama que lleva 30 años sin ceder un ápice ni en su ética, ni en su estética. Un concierto soberbio, guitarras a lo Verlaine, versiones exquisitas, y mucha mucha tripa. El concierto de Wilco destacó por lo impecable: el sonido lo era (quizá un poco bajo), el disco que presentaban lo es, y la interpretación lo fue. Les faltó un pelín de garra. Pero son Wilco, y nadie suena como ellos. Lo de Band of Horses ya es harina de otro costal. Tocaban en el escenario ATP, uno de los pequeños (aunque a mi me encanta), a las 10:30 creo recordar. No es mala hora, aunque tampoco es la mejor. Digamos que el aforo a esa hora estaba al 60% de lo que en ese escenario llega a estar. Al empezar dijeron que no estaban acostumbrados a tocar ante tanta gente y mi amigo y yo creímos oír un tiernísimo "We are so nervous". Lo dieron todo. Tuvieron todos los problemas técnicos del mundo y lejos de ser un handicap, se convirtieron en el acicate para que la maravillosa voz de Ben Bridwell (frontman) se rompiera un par de veces llena de rabia. Uno de los momentos mágicos de esta edición.

Y en tercer lugar: Sonic Youth que se calzaron el Daydream Nation enterito. 20 años después sigue sonando igual de fresco. Ruido analógico por un tubo (con cassette incorporada) que sonó perfectamente engrasado y que incluso consiguió salvar, la ya de por sí rayante última parte del disco.

Aplausos, aplausos, aplausos, reverencia y más aplausos.



Y como me enrollo más que las persianas lo de Suecia y lo maravilloso que es estar vivo os lo cuento de una tacada y en críptico que es más molón:

Pese a caer enfermo de agotamiento extremo, estos tres días han sido una auténtica celebración.

La noche del Jueves, celebré mi propia vida. Ya por la mañana fui consciente de disfrutar de un auténtico pico de felicidad. Estaba tumbado en la playa, el sol llevaba apenas dos horas sobre el horizonte, la arena estaba fría y el viaje a Suecia estaba siendo inspirador. En un momento dado, entorné los ojos hacia el sol y dije: "en este momento soy absolutamente feliz". Suecia sonríó.

La noche del Viernes celebré y celebramos la amistad; la vida acumulada y el presente inmejorable. Más de 10 años nos contemplan y aquí seguimos, al pie del cañón. Os quiero a todos. Mucho.

Y la noche del Sábado, pese a lo paradójico que pueda sonar teniendo en cuenta que apenas había dormido 5 horas en los dos últimos días y que en las horas en las que estuve despierto no dejé de estar en un pienso euforizante, como decía, la noche del Sábado, celebré la salud, la de mi mente, que a día de hoy está lo suficientemente cuerda, lo suficientemente lúcida como para jugar a estar loca. Clap, clap, clap. Como oí una vez decir a un tipo loco: coco, te quiero.


No se vayan todavía que aún hay más.